viernes, 29 de febrero de 2008

NEGRA COCAINA


Hace unos días, la Guardia Civil incautaba un importante alijo de cocaína. La droga había sido infiltrada en una placas de goma negra, que conformaban las paredes o el fondo de unas bolsas de viaje.
Esa cocaína, de no haber sido incautada, habría tenido que pasar por varios procesos químicos y decolorantes, y al final habría sido cortada con cualquier porquería. Y, convertida en un mierdoso polvo, habría llegado al organismo del consumidor.

Un estudio, realizado por el Instituto de Investigaciones Químicas Ambientales de Barcelona, del CSIC, que analizó las aguas residuales de la depuradora de El Prat, reveló que, en el área metropolitana de Barcelona, el consumo medio de cocaína es de 73.000 dosis diarias.

España se ha convertido en el mayor consumidor de Europa. La cocaína sutituye, para muchos trabajadores, al carajillo matutino, pues ha dejado de ser una droga elitista. Y como los billetes se utilizan enrollados para esnifar, la gran mayoría contiene restos de cocaína.

En mi generación, siendo adolescentes a finales de los años 60, y durante los 70, alguno de nuestros ídolos del rock elogiaba las drogas en sus canciones. Eramos muy jóvenes e inexpertos en el tema de las drogas, y hacíamos mucho caso a nuestros venerados ídolos.

Recuerdo las tres versiones de Cocaine, interpretadas por Jimmy Hendrix, Eric Clapton y J.J. Cale; Cocaine in my brain (Cocaína en mi cerebro), de Dillinger; Brown Sugar (un derivado de la heroína), de los Rolling Stones; o Lucy in the Sky with Diamonds (las siglas del LSD) de los Beatles.

En 1978, tras organizar el "Funeral por el Mediterraneo", la gran fiesta de apertura de la discoteca Ku, de Ibiza (hoy Privilege), fui entrevistado por Sergio Makarof, que me dedicó cuatro páginas en el Interviu, del Grupo Z. En esa entrevista admití haber experimentado, a nivel casi sacramental, con todo tipo de drogas, durante mis años hippys. Pero también advertí que se avecinaba un consumo desmesurado, debido a que líderes de opinión de la juventud estaban poniendo la droga de moda. Mi profundo conocimiento de este tema dio paso a la publicación de mi primera novela "Réquiem por Peter Pan".

En España, la cocaína llegaría a la masa en los 90, para matar el buen feeling en el mundo de la noche, de las dos décadas anteriores, en las que no había tantas tensiones ni violencia. Por suerte la cocaína nunca me sentó bien. Me sobra energía, y lo que mi organismo necesita es relajación. De lo contrario, y debido a los ambientes que frecuento, yo sería otro pertinaz cocainómano.

Hoy día se tiene mucha información al respecto, y ya se conocen los estragos que hace la cocaína en la salud. A pesar de todo se consumen toneladas.

Recuerdo, en los años 70, cuando ejercía de periodista en Nueva York, que en algunas joyerías y tiendas underground vendían unas minúsculas cucharillas para esnifar. En una de sus canciones, los Beatles, mencionan una silver spoon (cucharilla de plata). Entonces la cocaína era tan pura, y para un público tan elitista, que se esnifaba en pequeñas dosis. No como ahora que, debido a que está muy cortada, se inhalan rayas gruesas y largas, y con mucha más frecuencia.

La cocaína es muy asequible. No se ha incrementado el precio del gramo desde hace años. Creo que es el único precio que no ha subido desde la llegada del euro. Se mantiene el precio, a la vez que baja la calidad, para así expandir el mercado. Lo que se ha conseguido con gran éxito. Y los consumidores no se percatan de que, raya tras raya, se van convirtiendo en adictos.

Creo que, respecto al tráfico y al consumo de esta destructiva droga, hay una enorme hipocresía y se hace mucho la vista gorda. Y hay un tema que nadie me ha sabido aclarar: ¿Qué se hace con la droga decomisada? ¿A dónde van a parar todas esas valiosísimas toneladas? He pasado muchos años en Ibiza y en Nueva York, y he conocido a algunos traficantes. Uno me dijo: "Me pescaron con 10 kilos, pero me juzgaron solo por 7. Y claro, no iba a levantar el dedo, como en el colegio, para decir Perdón Sr. Juez. No eran 7, sino 10 kilos".

Cuanto más dinero se invierte en publicidad contra las drogas, más permisividad hay con el consumo. Y son ejemplos de esta permisividad las escenas y diálogos de alguna serie televisiva, o los absurdos y malsanos horarios de la marcha de la noche, en que la gente se droga "para aguantar". Y tampoco me parece un buen ejemplo que, como premio por haber cogido infraganti a una topmodel esnifando cocaína, le lluevan contratos millonarios.

Hace un par de días veía sorprendido en la televisión, como unos conocidos presentadores de programas y unos comentaristas del cotilleo se echaban en cara, unos a otros frívolamente, que consumían cocaína. Como si hablasen de fumar tabaco.

En breve espacio de tiempo, la Sanidad Pública, que bastantes problemas tiene, carecerá del suficiente dinero para cubrir el gasto generado por las enfermedades coronarias, hepáticas, renales y cerebrales, producidas por la cocaína. Una droga cuyo excesivo consumo induce a una mayor ingesta de alcohol, al tabaquismo, a la violencia y a una euforia artficial, en muchas ocasiones, incontrolable.

En el IV Congreso Nacional de Ansiedad y Trastornos Comórbidos, celebrado recientemente en Barcelona, se alertó de la creciente ansiedad patológica en la sociedad, debida en gran parte al incremento del consumo de drogas, especialmente entre la juventud. Una juventud estafada y confundida, pues se le ha dejado "hacer a sus anchas", para tenerla contenta.

Los responsables de la lucha contra la droga, sean políticos de derechas o de izquierdas, deberían dimitir. No están haciendo muy bien su trabajo, pues cada vez hay más droga y más delitos generados por ella.
De seguir así, en los restaurantes de gastronomía creativa podrían ofrecer, para postre, alguna delicatessen, como: "Cereza caramelizada sobre un crujiente de rayas blancas".



Y para postre: "Cereza caramelizada sobre un crujiente de rayas blancas".

Fotos via Flickr: Drogadicta, espejo-andy14darock, Sergio Alberti.

martes, 26 de febrero de 2008

EL DEBATE RAJOY-RODRIGUEZ ZAPATERO

El debate entre Rajoy y Rodríguez Zapatero me recordó a las películas de Stan Laurel y Oliver Hardy.

El Gordo le metía el dedo en el ojo al Flaco, y éste respondía propinándole al Gordo una dolorosa patada en la espinilla. Entonces el Gordo pisoteaba el sombrero del Flaco, y éste le arrancaba al Gordo la corbata. Y así seguían incordiándose hasta el final de la película, para quedar en cómicas tablas.

Y hablando de corbatas. Rodríguez Zapatero, para captar indecisos de la derecha, eligió una corbata azul. Y Rajoy, para captar indecisos de la izquierda se la puso de color rojo.
Yo encuentro a faltar a un político equilibrado y de centro, con una corbata de rayas de los dos colores. Un político que gobierne para la mayoría de los españoles, y que no se desviva descalificando a contrincantes, pensando solo en ganar poder para su Partido.

El debate no fue para indecisos, sino más bien para convencidos de los dos bandos. Y, aunque ambos políticos se creen ganadores, desilusionaron con sus monólogos a los 13 millones de espectadores.
Como decía el poeta: “Venceréis, pero no convenceréis”.

En el debate escuchamos las mismas polémicas y descalificaciones de siempre, pero no escuchamos ideas y propuestas nuevas, ni soluciones, ni defensa de valores.

Y luego, después del debate, tuvimos que tragarnos, en distintas cadenas de televisión, las opiniones, nunca imparciales, de personas de marcadas ideologías de derechas e izquierdas, que no aportaron nada, dedicándose a insistir en que su candidato era el vencedor.

Yo no soy de ningún Partido político. Lo importante no es ser de derechas ni de izquierdas, lo que importa es la eficacia en la gestión, y la capacidad para poner solución a los problemas que realmente importan al contribuyente. Hay que trabajar más para el país, y menos para el Partido.
Por ejemplo: Maragall, del PSOE, fue un magnífico alcalde que mejoró mucho la ciudad de Barcelona. Y Rita Barberá, del PP, ha convertido la cutre ciudad de Valencia en una auténtica maravilla.

Visto lo visto: en lo económico, el español medio seguirá con el agua al cuello. Y seguirán igual la delincuencia, el terrorismo de ETA, la mala educación, la instalación de mafias varias en nuestro país, la violencia de género, la inmigración ilegal, el pasotismo de una juventud desmotivada y falta de valores, la vista gorda en el tema de la droga, las infraestructuras chapuceras, el problema de la vivienda, la destrucción del paisaje, etc.

Menos tirarse los trastos, menos bla, bla, bla, y más soluciones.

Foto via Flikcr: zergio.zorro

lunes, 25 de febrero de 2008

IMPARTÍ CLASE EN LA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE CATALUÑA


El haber impartido una clase de Relaciones Públicas, en la Universidad Internacional de Cataluña, ha sido, para mí, una nueva y muy grata experiencia.

Estuve una hora de reloj sin parar de hablar, y pude apreciar, con agrado, el interés con el que se me escuchaba. Nada que ver con mi falta de atención, cuando yo asistía como alumno, a clase en la Facultad de Derecho de Barcelona.

Me matriculé por obligación paterna. Porque hace 42 años, nadie entendía lo que eran las Relaciones Públicas. Se pensaban que consistía en dar palique a la clientela en un bar de copas.

Pero, gracias al cielo, cometí la osadía de desertar en el tercer año de carrera, para empezar, desde lo más bajo, y convertirme muy tímidamente, en pionero de una nueva profesión que me gustaba, y de la que había oído hablar, vagamente, en los Estados Unidos, con el nombre de Public Relations.

Recuerdo el lejano día en que entré en un Pub para llamar por teléfono (los móviles no existían), y una mujer, pintada como una mona, y en actitud altiva, me dijo : "Hola. Soy la Púbis Relechons de este Paf". Ese día comprendí que mi profesión ya era algo normalizado en España.

Ahora existen grandes empresas de Relaciones Públicas, y Escuelas que imparten esta materia. Por lo que a nadie le parece rara esta respetable profesión.

Yo he sido un autodidacta. Pero he conseguido, tras una labor de muchos años, un reconocimiento que me ha llevado hasta las aulas de esta Universidad, y a colaborar con marcas y empresas de renombre internacinal.

Desde aquí agradezco el interés y los aplausos de aquellos que asistieron a mi primera clase. Francamente: no me lo esperaba.

jueves, 21 de febrero de 2008

48 INTENSAS HORAS EN MADRID

Moretto, broche joya de Nardi

Caixa Forum Madrid


Restaurante Ramses

En la Pasarela Cibeles con la Princesa Beatriz de Orleans



Desfile Miguel Marinero. Pasarela Cibeles

Pasé los días 14 y 15 de febrero en Madrid.

El motivo de mi viaje era una reunión de trabajo, para un tema del joyero veneciano Nardi, con Miriam Ungria, Princesa de Tirnovo (nuera de Simeón de Bulgaria) y Jacob Bendahan. Comimos en Ramses, el impactante restaurante de moda diseñado por Philippe Starck. Y seguidamente me fui a ARCO. Una visita obligada y siempre interesante, donde me dedico a fotografiar lo que más me gusta o me más choca.

A las 21 h. me invitaron al desfile de Miguel Marinero, en la Pasarela Cibeles. Debo decir que sus diseños en seda, inspirados en la India de los Marahas y con pieles teñidas en colores muy vivos, me gustó mucho.
Para hablar del espectacular Spa, que Dior inaugurará en breve en el Hotel Plaza Athénée de París, cliente mío, cené en Thaigardens con la princesa Beatriz de Orleáns. Y como “no hay dos sin tres princesas”, la Princesa Beatriz Von Hohenlohe se unió a nosotros para tomar café.

El día anterior visité el nuevo y enorme edificio de Caixa Forum, obra de los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron. Me impresionó el jardín verical (yo pensé que era de plástico). Luego comí con la fotógrafo Sylvia Polakov, que prepara un libro de retratos de personajes muy importantes, y tras un corto paseo por el Parque de El Retiro, fui al Museo Thyssen para ver la exposición de Modigliani que, sin quitarle mérito, debo decir que sus caras alargadas y lánguidas siempre me han aburrido.

Por la noche, visité el nuevo y original Hotel Hospes; asistí a un evento organizado por Sotheby’s; luego cené con el decorador Pascua Ortega, en Sua, restaurante que promociona Rafael Medina Abascal. Y de ahí fuimos a la marchosa fiesta de inauguración del Hotel Oscar, de la juvenil cadena hotelera de Quique Sarasola y Carlos Marrero, que reunieron a una variopinta mezcla de jóvenes guapos, periodistas, artistas y caras conocidas.

Como los galeristas y artistas que participan en Arco se reúnen, por las noches, en el Bar Cock, acabé allí mis intensas 48 horas en la capital.

De regreso en Barcelona, pensé que la vida social de mi querida ciudad, comparada con la intensa vida social de Madrid, es un pueblerino rollo macabeo.

Barcelona: ¡Quién te ha visto, y quién te ve! Suerte que en cuestión de urbanismo, arquitectura y playas, estamos mejor que Madrid. Algo es algo...




ARCO 2008

Fotos de Arco y Caixa Forum: Carlos Martorell
Fotos de Ramses: Matías Pérez Lleva.
Fotos Miguel Marinero: Ugo Camera

MEJORAR IBIZA


(Recomiendo ver el vídeo de 17 minutos, que edité en 2007, al final de este artículo, y dividido en 2 partes).
Si le dan 500 dólares a un indígena pobre, que vive en una cabaña hecha con las ramas de una palmera, a la luz de un candil, sin agua corriente, y que no conoce aún el plástico ni la basura, lo primero que hará, por falta de cultura, es poner uralita en el techo de su cabaña, iluminarla con un neón, y comprar botellas de agua de plástico, para no tener que ir nunca más al río con su artesanal recipiente de arcilla sobre la cabeza, para buscar agua.

Si mucho antes de recibir el dinero, el indígena hubiese recibido educación, pondría esa misma horrible uralita pero, para no destrozar la estética de su choza, la cubriría con palmas, iluminaría su vivienda con unas bombillas, y no tiraría al suelo, en la misma puerta de su vivienda, las botellas de plástico vacías, generando basura.
Gracias a la educación recibida, mejoraría su nivel de vida, y aprendería a no destrozar el sencillo encanto de lo autóctono.

Yo también viví, muchos años, en una casa payesa muy antigua, sin luz, ni agua, ni teléfono. Pero fue tal mi respeto por la arquitectura ibicenca, que yo, muy joven entonces y sin medios económicos, conseguí que aquella casa, tan auténtica e iluminada con luz de velas, apareciese en libros de arquitectura, revistas de decoración y programas de televisión.

Hoy día, esa casa, que admiraron incluso personajes de renombre internacional, ha sido remodelada y destrozada por su dueño, un encantador payés que está orgulloso de su atroz interiorismo. Y que, para colmo, ha convertido los viejos corrales en un bloque de apartamentos de tercera.

Ya nadie publicará una sola imagen de esa casa, como no sea para que sirva de ejemplo de lo que no hay que hacer. La casa, con varios siglos de antiguedad, valía una fortuna. Ahora no vale casi nada.

La fealdad de la gran mayoría de lo que se construye en la isla es impresionante. Por falta de un orden urbanístico y sensibilidad estética, casi todo parece un polígono industrial. Y muchas zonas costeras, que habían sido paisajes paradisíacos, están ahora invadidas por moles de cemento, que son un insulto al Mediterráneo.

En los años 60, el prestigioso arquitecto Ricardo Bofill, hizo su primera casa en Es Canar, y le gustaba tanto la arquitectura ibicenca, que estuvo a punto de instalar su estudio en Ibiza. En una ocasión me dijo textualmente: “Han convertido la ciudad de Ibiza en un suburbio tercermundista”.

Al propio Presidente del Consell de Ibiza y Formentera se le escuchó decir un día:
“A Ibiza ha llegado antes el dinero que la cultura”.

¡Y que lo diga Ud., Sr. Presidente! Cuando yo me instalé en Ibiza, a principio de los años 60, la isla era muy pobre, pero la belleza de su arquitectura cubista, la tranquilidad de sus playas vírgenes, y la hermosura de su campo, tan naïf, eran una maravilla. Un paraíso a tan solo media hora de vuelo de la península.

Si en Ibiza se hubiese invertido a la vez en cultura, se hubiesen hecho las cosas con más respeto por la naturaleza, y por la idiosincracia de la isla, se hubiese podido ganar mucho más dinero, sin estropear el paisaje.

Hace unos días vi la errónea remodelación de la calle principal de Santa Gertrudis. Otro pueblo ibicenco que perderá su encanto, por no dejarlo como estaba. Hoy día, Quevedo, tendría que actualizar su famosa frase, que diría: "Poderoso caballero es Don Cemento".

Yo recuerdo a las ibicencas trabajando los campos, vestidas con sus faldas largas, y con sus cabellos recogidos en una trenza. Y recuerdo también a los hombres desplazandose en unas Mobilette destartaladas.
Hoy les veo conducir lujosos todoterrenos y coches carísimos. Y ya no viven en sus señoriales casas payesas. Las vendieron para construir unos edificios de una fealdad impresionante.

Me congratula que un pueblo pobre se enriquezca, pero me enfada que, por falta de cultura, como dice su Presidente, los ibicencos no hayan sabido emplear con buen gusto su dinero. A unas personas que no tenían ni lo más indispensable para la higiene en sus viviendas, que lindaban con los corrales de los animales, cualquier edificio de varias plantas con un ascensor les parece el Palacio de Versalles.

Por eso Ibiza, tan llena de posibilidades, muere en invierno, y solo resucita con el sol del verano, para disfrute de bañistas y discotequeros, con marcha infinita, vomitera y colocón.

Los que de verdad amamos a Ibiza, y nos empadronamos en ella sin el más mínimo ánimo de lucro, tenemos todo el derecho al pataleo, aunque no sirva para nada.

Lo que hizo la Naturaleza era una maravilla, pero lo que el hombre construyó encima es un verdadero desastre. Por ello recomiendo ver el video: “Ibiza. Encanto y Desencanto”, que acabé de rodar en el año 2007. Lo hice, con el mejor proposito, para el Presidente del Consell y la Alcaldesa de Ibiza.

Lamentablemente no obtuve ni el acuso de recibo.