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jueves, 16 de mayo de 2019

SERENA VERGANO HA VUELTO AL TEATRO

Me encantó volver a ver en escena a mi muy íntima amiga Serena Vergano, después de tantos años fuera de los escenarios.
 La obra se estrenó en el Tèatre Akademia.
El arquitecto Jean Pierre Carniaux, pareja de Serena, me guardó un sitio en primera fila. Yo me senté al lado de Aline Charransol y Nachi Veciana.  Y la diseñadora de Tiffany Elsa Peretti ocupó ese sitio.
"Lèxic Familiar" (título en catalán) es un monólogo en castellano, con muchas frases en italiano, francés e inglés. 
La idea partió de la pregunta que se hizo el director italiano Guido Torlonia: ¿Qué significa para un actor el hecho de interpretar?
Serena contestó que para ella la ficción no existe. Y que ella es siempre ella misma. Espontánea, directa y normal. Y que una actriz ha de transmitir sus emociones y contagiar al público con sus palabras.
Cuando aparecieron imágenes de "Marat Sade", recordé que ese día me presentaron a Serena en su camerino del Teatro Poliorama. Era en 1968.
Y allí empezó una amistad de más de medio siglo.
Siéndo pareja de Ricardo Bofill viajamos a Nueva York, Egipto, Turquía e Ibiza. 
En Ibiza nos dieron una dósis de LSD. Y dijimos: ¡¡Nunca más!!
En su actuación Serena cantó y bailó. Mientras, en una pantalla, pasaban imágenes de su carrera de actriz, que comenzó en Italia.
En el rodaje de "Una vita violenta", de  Pier Paolo Pasolini, se enamoró del actor Franco Citti.
Franco Citti estuvo en mi casa en Ibiza y recordamos a Serena.
En su primer rodaje en Barcelona no le gustó la ciudad, y afirmó que no volvería. Se tomó un vino y aquí está desde entonces.
Estos son algunos ejemplos de su trabajo de atriz.
Fue musa de la Escuela de Cine de Barcelona.
 Ricardo Bofill, con quien tiene a su hijo Ricardo, la dirigió para los films "Circles" y "Esquizo". 
Yo estuve un día en ese rodaje.
En el Taller de Arquitectura le hice un reportaje.
Serena presentó mi segunda novela "La memoria enjaulada", sobre el Alzheimer, junto a Ana García-Siñeriz
Hace unos días, en ese Taller de Arquitectura proyecté mi documental "Carlos Martorell Plifacético" en el que aparecen Serena, Ricardo Bofill y sus hijos Ricardo y Pablo
Saludó satisfecha por los muchos aplausos que recibió.
También fueron aplaudidos el director Guido Torlonia y su equipo.
Serena afirma que corta con el teatro, y que no regresará a los escenarios.
Después de la actuación, tres mesas de amigos fuimos invitados a cenar . Yo dejé mi asiento junto a Serena para hacer esta foto.
¡¡Bravo Adalgisa Serena Maggiora Vergano!!

jueves, 26 de diciembre de 2013

CATASTRÓFICA CENA NAVIDEÑA EN CASA DE LOS ABUELOS

Las cenas de Navidad pueden acabar muy mal.
Incluso las cenas de importantes empresas pueden acabar mal.
Alguno bébe demasiado, se pone pesado con los compañeros y puede  acabar insultando a sus superiores.
 Y hay quien se agarra una trompa descomunal.
En casa de los abuelos Bofarull la cena de Navidad empezó mal. El pavo se escondió y tardaron un día en encontrarlo.
 
La abuela decoró la mesa con mucho esmero. Y cada invitado tenía que aportar una figurita de pesebre para hacer el Belén.
La abuela Bofarull había decorado, también con mucha gracia, la taza del W.C.
El abuelo, ginecólogo jubilado, cocinó el pavo, que se había camuflado de lámpara durante todo el día 23.
Uno de los hijos llevó unos panes con mucha sorna, porque se habían añadido a la cena unos parientes lejanos de Murcia.
Al principio de la cena nadie dijo ni media palabra porque estaban todos enganchados a los móviles y las tablets.
Es una adicción maleducada que se ha puesto de rigurosa moda.
La abuela Bofarull estaba muy enfadada.
Había prohibido que su hijo mayor, beodo de profesión,  hiciese de Santa Klaus aquella noche.
Marcel, el mayor de los nietos, más loca que una cabra, había colgado esta foto en Facebook, pero no se atrevió a enseñarsela a su familia.
 
Finalmente el abuelo Bofarull ejerció de Papa Noel. Su halitósis era tremenda y el nieto no podía soportarlo.
Dejaron los móviles y empezaron las peleas y las discutiones.
Un cuñado había traído un cagané independentista catalán para el pesebre de los abuelos. Lo que generó una trifulca con uno de los parientes, que no estaba de acuerdo con esa política.

 
Una de las hijas, muy religiosa, montó un pollo cuando vió que su hermano mayor había colocado un cagané de la Virgen de Montserrat.
Por suerte no vio que, detrás del pesebre, un sobrino muy cachondo había puesto al Papa Francisco.
Estas figuritas de caganés parecían graciosas a unos, y soéces, escatológicas y de mal gusto a otros. Así empezó el mal rollo familiar.
Roser, la hija menor, una rubia un poco punky, había comprado el cagané de Queen Elisabeth, lo que provocó la ira de su prima murciana, una monárquica empedernida.
Unos eran de derechas, otros de izquierdas. Aquella mesa parecía la Torre de Babel. Nadie se entendía.
Josep, el familiar más futbolero, colocó al cagané de Messi junto a la Virgen, por considerar que era la zona VIP.
Josep Bofarull, pasando de discusiones y peleas, se levantó de la mesa y quiso encender el televisor para ver un partido de futbol. Montse, su mujer se puso furiosa.

Agustí, el nieto más joven, un pasotilla drogata, que estaba siempre "muy a gustito", había comprado unos tripis la noche anterior.
Ya de adolescente Agustí pedía siempre a Papa Noel que le trajese alguna sustancia para colocarse.
Mientras los familiares se peleaban airadamente, Agustí el pasota se dedicó a poner LSD en las copas de sus familiares.
 
Pronto empezaron a distorsionar las imágenes y a tener visiones halucinógenas.
 El pavo se había convertido en un extraterrestre calcinado.
Jordi, uno de los cuñados, vio como el pavo se convertía en un hipopótamo.
La Tia Pepeta, que era sorda y tenía cataratas, tuvo la horripilante visión de sus problemas de salud servidos en su plato.
 
Incluso los polvorones se transformaron en espantosos y sanguinolientos dedos mutilados.
A Roser, la punky calentorra, un chocolate se le transformó en un pollón negroide al acercarselo a su boca.
Bebieron y bebieron, y empezó la bacanal y un desmadre total.
Agustí, tras esnifar una raya de heroína, para bajar el trip, se quedó frito y sus primos lo decoraron de esta guisa.
A las pocas horas empezaron las vomitonas.
La abuela, la única que no había bebido la droga, tuvo tiempo de retirar la decoración navideña de uno de los W.C.
El abuelo Bofarull, disfrazado de Santa Klaus, rodó por los suelos.
Al dia siguiente, toda la family tuvo una reacción alérgica a la droga, que había sido cortada con alguna porquería.
Incluso el pobre perro estaba de resaca.
Al abuelo lo ingresaron en cuidados intensivos, y falleció a las pocas horas.
Los nietos le compraron este curioso ataud.
Un vecino, emprendedor en época de crísis, informado del fiestón que se había montado en casa de los abuelos Bofarull, colgó este cartel en la fachada de su terraza.
Yo, al aterminar este post de mi Blog, me tomé un par de chupitos que me sentaron de maravilla.
(Es broma. ¡Puro teatro!).