Lo primero que hago es presentar unos documentos a la Policía Municipal. Pesadilla anual para obtener el pase para que mi coche pueda acceder a la Ciudad Vieja, donde tengo mi casa. Tardan una semana en dar el pase, por lo que no puedo llegar a mi casa en coche durante esos días. Un auténtico coñazo, típico de la falta de organización del Ayuntamiento.Lo siguiente es darme un baño en estas maravillosas y cristalinas aguas.

En las playas de Ibiza están prohibidos los michelines. Por lo que ya me he apuntado a un gimnasio y a clases de yoga.
Durante el verano, las playas se convierten en una pasarela por las que desfilan musculosos y "musculocas".
Los cuerpos están llenos de tatuajes y piercings.
La creatividad de los tatuajes es fuente de mucha competencia. Lo que no saben es lo mal que envejece la piel tuada.
Me sorprendió este tatuaje bigotudo. Y hablando de bigotes... En Las Dos Lunas, el más sofisticado restaurante de Ibiza, Julián Muñoz y una rubia, cenaban en la mesa principal, junto a la puerta.
Resulta un tanto escandaloso ver a este personaje, juzgado por distintos casos de corrupción, disfrutándo en un restaurante de lujo.
El ex-alcalde corrupto debería ser más discreto.
Otra anécdota, ocurrida en otro restaurante importante, y con otro bigotudo muy conocido, ha tenido lugar en Es Molí de Sal, de Formentera.
El político Josep Lluis Carod Rovira tuvo que soportar que un grupo le cantase, a grito pelado, el himno nacional. Y como muestra de repulsa, muy poco respetuosa y desproporcionada, un tipo pasó por delante del restaurante entonando el Cara al Sol, con el brazo alzado. A Carod se le debió atragantar la langosta...
En la isla de Formantera empiezan a fondear unos yates espectaculares.