Cuando pienso en mi infancia y en mi adolescencia me parece haberlas soñado.
Fuí educado, desde muy niño, en el obligado respeto a las Instituciones, a la clase política, a la Iglesia, a las personas mayores, al profesorado, a la familia y al personal de servicio.
La falta de educación genera graves problemas de convivencia.
Ahora se dan tantos casos de agresiones a los padres, por parte de sus hijos, que hasta hay programas de televisión para mostrar este gravísimo problema.
En el colegio me inculcaron el máximo respeto al Papa Pio XII. Era lo normal.
Y como había censura periodística, y no había móviles ni Internet para desvelar corruptelas e ilegalidades, estos personajes estaban envueltos en un halo de impecable honorabilidad e impunidad.
¡Cómo ha cambiado el cuento!
Hoy no dejamos títere con cabeza. ¡Hola irreverencia generalizada! y ¡Adiós respeto! No todos son merecedores de esa falta de respeto, pero la gente generaliza.
Con tan solo 20 años, presenté en la Feria de Muestras de Barcelona, uno de los primeros sprays fabricados en España, a José Solís Ruiz, Ministro Secretario General del Movimiento, y a Tomás Garicano Goñi, Gobernador Civil de Barcelona, y más tarde Ministro de la Gobernación.
Entonces a los ministros de Franco se les daba un respetuoso trato principesco. Imponían mucho respeto y me daban bastante reparo.
Ahora, a la mayoría de los políticos, se les ve como a una panda de chorizos. Y los manifestantes indignados pueden insultarles en las puertas de sus viviendas.
Hay respeto cero a la clase política. La gente está harta de tanto corrupto. La cosa está que arde y da miedo lo que pueda llegar a ocurrir. Los que ahora se manifiestan con pancartas y escraches pueden acabar lanzándo cócteles Molotov y cosas peores.
Se ha perdido el respeto incluso a la Justicia. La gente rumorea y habla de jueces y fiscales en venta. Y constatan que la lentísima Justicia, tantas veces injusta, no es igual para todos.
Se podría confeccionar una lista de corruptos y grandes delincuentes que campan a sus hanchas, mientras algunos pobres desgraciados están en cárceles por delitos menores.
Recuerdo el respeto que se profesaba en las aulas de los colegios a maestros y profesores. Se les trataba de Usted, y se acataban sus ordenes sin rechistar, para evitar castigos, collejas y cachetes.
Ahora los alumnos, y padres de los alumnos, convertidos en cáfres, les insultan y agreden sin respeto alguno.
El 14 de mayo de 1962 contrajeron matrimonio Don Juan Carlos y Doña Sofía. Una imágen regia de un grupo, entonces, sumamente admirado y respetado.
Quién les iba a decir que, 50 años más tarde, se les perdería totalmente el respeto. Y que, por ejemplo, sus caras se verían pintadas en la parte trasera de los autobuses del Ayuntamiento de Barcelona, anunciando un musical burlón titulado "La Familia Irreal".
Para mí era impensable que llegaría un día en que vería desmoronarse la imágen de la Monarquía española.
Por Internet circulan cientos de fotomontajes burlones, crueles y despiadados de todos los miembros de la Familia Real.
Incluso la Reina, la más respetada de la Familia, ha sido vítima del escarnio, al ser utilizada su cara en un anuncio de Ashley Madison, una agencia de contactos para parejas.
¿Alguien podía imaginar el cataclísmo, para la Familia Real, que iba a desencadenar el nefasto comportamiento del marido de la Infanta Cristina?
Ahora el pueblo decepcionado e irreverente afirma: "Las Princesas no deberían casarse con Cenicientos".
Cientos de montajes mofándose de Iñaqui Urdangarin, como este de un tal Jose, circulan por Internet. He elegido el más suave de los muchos montajes con que bonbardean, a diario, mi email y mi Whatsapp.
El pueblo español se preguntaba por qué las familias reales solo se casaban entre ellas. ¿Por qué Don Felipe no podía casarse con una plebeya?
Pero como el pueblo español es muy envidioso, cotilla y adora los chismorreos destructivos, tras casarse finalmente el Príncipe con una plebeya se dijo: "Con la boda se levanta veda". Y así ha sido...
Doña Letizia está siendo mirada con lupa cada minuto de su vida, y soporta una horrible tensión. ¿No es de un mal gusto espantoso el titular de esta portada de la posible futura Reina de España? ¡Es del todo ruín!
Y ahora, para colmo, su primo David Rocasolano ha escrito un libro demoledor.
Las andanzas y declaraciones de Corinna Larsen, divorciada del Príncipe Casimir zu Sayn Wittgenstein, y las cacerías del Monarca han colaborado también al menoscabo al respeto al Rey.
Se han cometido graves errores en el seno de la Familia Real, para colmo en plena crísis. Es comprensible, pues, que el pueblo se revele. Pero nos estamos pasando con las críticas de pésimo gusto.
De entre todas las despiadadas burlas y bajezas que se han proferido contra la Familia Real, la peor, para mi gusto, fue una frase pronunciada por una contertulia del programa Arucitys, de la 8TV de Barcelona.
En Arucitys cronometraban los escasos minutos que la Reina había dedicado, en su visita al Rey, en la Clínica en que estaba ingresado, tras romperse la cadera en el safari en Botswana.
Una de las contertulias restaba unos minutos a la corta visita, alegando que la Reina podía haber ido unos momentos al lavabo. Otra colaboradora del programa la interrumpió. Y en un rotunda y escatológica ordinariez afirmó: "Aquesta ya ve pixada de casa". (Esta ya viene meada de casa). ¡¡¡Horror!!! Qué falta de sensibilidad, educación y respeto.
Esa frase, tremendamente soez y asquerosa, es la campeona de todas las ordinarieces que se han dicho o escrito sobre la Familia Real. Yo no se la dedicaría ni a una asesina de niños.
Se puede ser republicano, ya que las monarquías empiezan a ser instituciones obsoletas, pero no se puede ser un grosero impresentable.
Que se juzguen y castiguen con dureza las faltas y delitos que hayan podido cometer empresarios, políticos, jueces, sacerdotes, obreros o miembros de la Familia Real. Que vayan a la cárcel si se lo merecen. Que devuelvan el dinero robado a paladas, pero sin que lleguemos a estos extremos de irreverencia y vulgaridad.
En estos tiempos de tremenda crísis y dificultades económicas es comprensible el desencanto, la rabia y la impotencia general. Y esta claro que muchos se han ganado a pulso la falta total de respeto.
¿Se avecina una revolución? Esperemos que no. Pero la indignación lleva a las manifestaciones en la calle. Las manifestaciones a los escraches. Y el siguiente paso, motivado por la ira de los españoles, puede llevar a la violencia extrema.
La imágen de España en el extrajero está por los suelos. Nos ven corruptos, drogados, incultos, mal educados, vagos y arruinados.
Tenemos que mimar más al turismo. Por suerte nos queda el sol, la playa, el gazpacho, el jabugo y la paella.
Esperemos que estás típicas y folclóricas viandas no sean víctimas de la "deconstrucción" de la cocina creativa de laboratorio, y se les pierda también el respeto.