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miércoles, 9 de abril de 2014

SAMARANCH SE MERECE UNA CALLE IMPORTANTE EN BARCELONA

Un marquesado, por deferencia del Rey, no es suficiente.  
Juan Antonio Samaranch se merece tener una calle en la ciudad de Barcelona.
17 de octubre de 1986. "À la ville de Barcelona". Con esta frase el Presidente del Comité Olímpico Internacional emocionó a toda España.
El entonces Alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall puso en marcha una importantísima renovación urbanística, que ha convertido a Barcelona en una ciudad con turismo durante todo el año. ¡Bravo Pasqual!
Yo hice el estilismo de esta portada, que encantó a Juan Antonio, a quien yo conocía desde mi niñez.
Su esposa, Bibis Salisachs, un puntal de la sociedad barcelonesa, y una mujer con una gran clase, fue una importante relaciones públicas para Samaranch. Una amiga que acudió a todos mis eventos.
Antes del 92, cuando yo estaba en Nueva York, muchos americanos creían que yo era italiano porque les decía que era de Barcelona. Las Olimpiadas nos pusieron en el mapa.
Samaranch-Maragall fue un binomio perfecto.
Me gusta esta foto de unas autoridades navegando contra marea, para llegar a un muy buen puerto: Barcelona 92. Porque anteriormente hubo 4 intentos fallidos: 1924, 1936, 1940 y 1972.
Igual que le ocurrió a Adolfo Suárez, a Maragall el Alzheimer le está borrando esos maravillosos recuerdos. Pero le dio tiempo para crear la Fundación Pasqual Maragall, para la investigación de esta patología.
 En la Fundación tienen mi novela sobre esta terrible enfermedad.
El mismo día de su entierro comenté con Antonia Dell'Atte que hubiese sido justo que, ya en vida, el Marqués de Samaranch hubiese podido pasear por una calle con su nombre.
Encontré una camiseta diseñada en el 92 por Francis Montesinos.
El diseñador valenciano entrelazó la bandera de España con una corona de espinas, dando a enterder que conseguir las Olimpiadas debió ser un auténtico calvario.

LLamé a Juan Antonio Jr., miembro del Comité Olímpico Internacional, y le dije que yo estaba unas horas en Madrid, y que le dejaría la camiseta en la boutique de su esposa Cristina.
Aprovecho para poner unas fotos para que Juan Antonio Jr. las vea. Aquí estamos con su tia Isabel Salisachs y Massiel, en la fiesta de inauguración que organicé para el Bar-Bolera Boliche.
Años más tarde, con Sebastia Salvado, presidente del RACC.
Llevé la camiseta a la boutique ASPESI, en la calle Jorge Juan, 5. Y me pareció espectacular.
Antes de irme me probé uno de los diseños del italiano Alberto Aspesi.
Me hubiese gustado darle en vida mi camiseta a Juan Antonio Samaranch, a quien España y, particularmente Barcelona, le deben una calle. 
¿Serán tan mezquinos de no dedicarsela? La negativa les haría ganar las Olimpiadas de la Envidia y la Desidia Nacionales.

miércoles, 27 de octubre de 2010

ENTERNECEDOR REPORTAJE SOBRE LA ENFERMEDAD DE MARAGALL


Siempre sentí una gran simpatía por Pasqual Maragall. Su apellido me es familiar desde mi más tierna infancia, pues sus primos iban a mi colegio, y Santiago Maragall iba a mi clase. Ahora, no solo tiene mi simpatía. Ahora tiene todo mi respeto y admiración.


Maragall ha sido el mejor Alcalde de Barcelona. Ejerció entre los años 1982 y 1997. Y también fue Presidente de la Generalitat de Catalunya, entre los años 2003 y 2006. En esta foto está junto al ex-Presidente Jordi Pujol y al actual Presidente José Montilla.


El 20 de octubre de 2007, en una rueda de prensa en el Hospital de Sant Pau, Maragall tuvo la valentía de hacer público que padecía el inicio de la enfermedad de Alzheimer.


En el año 2008 creó la "Fundación Pasqual Maragall para la investigación sobre el Alzheimer".


Esta Fundación, dirigida por Jordi Camí, es una entidad privada sin ánimo de lucro, que tiene la misión de promover, fomentar y dar soporte a la investigación de la enfermedad de Alzheimer y de las enfermedades neurodegenerativas relacionadas, y con el objetivo de conseguir avances en la prevención, tratamiento y cura de estas graves enfermedades.


Hace unos meses, estándo en las carreras de Montmeló con Antonia Dell'Atte, compartimos un rato con Maragall. De no haber sabido que estaba enfermo, no me hubiese percatado, pues conversó con nosotros con toda normalidad. No aprecié los síntomas clásicos de desorientación ni deshibición de quienes padecen Alzheimer.


Siempre le estaremos agradecidos por el importantísimo cambio que le dio a Barcelona, cuando la ciudad fue elegida, en 1986, sede de las Olimpiadas del 92, gracias también a Juan Antonio Samaranch. Entonces Maragall fue Presidente del COOB'92.



Barcelona vivía de espaldas al mar. Y ahora tenemos kilómetros de playa y nuevos puertos deportivos, con mucho ambiente.


Desde el 92, Barcelona es una auténtica ciudad mediterránea, frecuentada por mucho turismo, tanto en verano como en invierno.


Carles Bosch, amigo a quien no veo desde hace varios años, ha dirigido un entrañable, a la vez que interesante e informativo, reportaje sobre Maragall y su enfermedad. Carles Bosch ha estado siguiendo a Maragall, con una cámara, durante dos años por todas partes.

He visto la película, que recoge el proceso vital y la lucha contra la enfermedad. Me ha emocionado, y le he llamado inmediatamente para felicitarle. Carles Bosch y José Mª Domenech fueron candidatos al Oscar por su documental "Balseros", en 2002. Carles dirigió, también con mucho éxito, "Septiembres", en 2006.



"Bicicleta. Cuchara. Manzana". Estas tres palabras, que configuran el título de la película, se utilizan en la exploración clínica de la memoria a corto plazo. En la primera fase del Alzheimer, los enfermos pueden recordar cosas del pasado, pero olvidan completamente el pasado más reciente.


En la película, doctores e investigadores de varios países dan explicaciones sobre esta enfermedad, sobre la investigación y sobre los nuevos fármacos.


En esta imagen del reportaje, una doctora muestra a Maragall, por medio de un microscópio, la proteína Tau, causante de la degeneración neuronal. Maragall, al ver esa mancha marrón en el cerebro, exclama imperativo: ¡Bórrala!


Aún no es posible hacer desaparecer o "borrar" del cerebro, como dice Maragall, la devastadora proteína Tau. Las que sí se van borrando, paulatinamente, de la mente del enfermo son las palabras. En una imagen del reportaje, Maragall con un gesto muy significativo y conmovedor, intenta borrar la palabra Alzaheimer.


Es muy destacable, admirable y enternecedora la amorosa dedicación de su esposa, Diana Garrigosa, con quien contrajo matrimonio en 1965. Diana adora a su marido, lo cuida maravillosamente, y no lo deja ni a sol ni a sombra. Una tarea realmente agotadora. "Es una mala jugada de la vida que debo convertir en algo mejor", afirma esta abnegada mujer, que tiene un papel fundamental en la película.


Sus tres hijos, Cristina, Airy y Guim, también están muy pendienes de su padre, y sumamente preocupados. Maragall pretedía seguir al volante de su coche. ¡Todo un peligro! Pero Guim le retira las llaves y Carles Bosch filma cómo convierten el coche en chatarra en un desguace. La imagen es desoladora.


Las manifestaciones de afecto y cariño son importantísimas para el enfermo, incluso cuando llega al punto de no reconocer ni a sus familiares.


A Pasqual (es muy conveniente llamar a los enfermos por su nombre de pila, como si fuesen niños) le encanta escuchar música y bailar.


Y también se divierte jugando con niños. En esta imagen Pasqual está con Diana y su nieta, en San Sebastián, cuando se presentó el reportaje en el Festival.


Otra de sus diversiones es fotografiar cualquier cosa con su viejo Nokia. Aqui está en la inauguración del Hotel W, fotografiando a los fotógrafos.


Maragall ha tenido siempre mucho sentido del humor. Y ha sido muy parodiado. El actor Keko Novell, tras tener que someterse a horas de maquillaje, bordaba el personaje, en el programa de humor "Polonia", de TV3.


Keko y yo fuímos co-presentadores en un evento que organicé en Barcelona. Keko interpretaba a un simpático Maragall, en batín y zapatillas, ya retirado de la política.


Con Diana viajan mucho. En la película hay imágenes de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota.


Pasqual y Diana pasaron dos años en Nueva York. A Maragall le encanta ir a ver el edificio donde vivieron, cada vez que pasa por la Gran Manzana. En la película, llama al timbre del apartamento y ruega al inquilino que le deje entrar.


Con mucha valentía, Pasqual se ha prestado incluso a hacer de cobaya, probando nuevos medicamentos que no han funcionado, sin perder la esperanza.


La cura del Alezheimer es uno de los grandes retos de la medicina. Pasqual, optimista, no deja de repetir que, dentro de 20 años, esta horrible enfermedad tendrá cura. Pero termina diciendo, con una sonrisa: "Pero yo no lo veré..."


Esta palabras entristecen enormemente a Diana Garrigosa, que tanto está colaborando en esta cruzada contra la enfermedad.



Yo sé muy bien de lo que hablan, pues mi madre estuvo enferma de Alzheimer durante veinte años. Los diez últimos, en un estado casi vegetal, los pasó en una residencia.


Durante ese largo periodo, en la residencia, pude ver tantos casos y escuchar tantas anécdotas, que escribí mi segunda novela "La memoria enjaulada". El libro es también un alegato contra la droga dura. Ya que los excesos de alcohol y de drogas pueden ser los causantes de graves problemas neuronales.

En el mundo ya hay veintiseis millones de enfermos. Y cuando la desencantada generación del botellón y el colocón se haga mayor, la Sanidad Pública no tendrá fondos para enfrentarse a este gravísimo problema.

Desde aquí quiero enviar un fuerte abrazo a todos los familiares ejemplares, como los Garrigosa y Maragall, y a los cuidadores de enfermos de Alzheimer. Porque estos enfermos, involuntariamente, pueden acabar con la energía y la salud de quien los mima, quiere y protege.