
Estaba cenando en casa de Diana Vreeland, entonces directora del Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York, y mientras contemplaba un cuadro con el grabado de un gato, a mi espalda, escuché una voz mortecina que me susurró:
-Tú qué crees… ¿Es macho o hembra?
La pregunta me pareció absurda. Me di la vuelta y me encontré frente a una cara lívida, enfermiza, cubierta por un cutis estropeado, con una expresión tímida, y bajo una peluca blanca y despeinada, que parecía haberle caído del techo.
Era Andy Warhol, seguido por sus inseparables Bob Colacello (Redactor del Andy Warhol’s Interview), Fred Hugues (Productor de La Factory), y los bellos gemelos Jed y Jay Johnson. Jed era el amigo de Warhol, y su hermano Jay, era un jovencito decadente, que estaba casi siempre “colocado”.
En las “cortes” que arrastran las celebridades siempre hay muchos celosos. Por esa razón, Jay Johnson, interrumpió mi encuentro con Andy, formulándome una pregunta aún más absurda, empleando un desagradable tono, lánguido y afeminado:
How big is your sex? (¿Es grande tu sexo?).
A littlte bigger than your brain! (Un poco más grande que tu cerebro)- contesté tajante a aquel joven que yo no conocía de nada.
Andy esbozó una tímida sonrisa. Le había hecho gracia mi rápida y cortante respuesta. Y al finalizar la cena me citó para almorzar, al día siguiente, en Max’s Kansas City, un local underground y un tanto cutre, que entonces estaba muy de moda. Recuerdo que Andy, con su bolígrafo, garabateó un dibujo sobre el mantel individual de papel, cosa que solía hacer en cafés y restaurantes. Y yo fui tan tonto que no me lo llevé.

Saliendo de Max’s Kansas City, Andy me enseñó La Factory, y me sugirió que pasara por allí cuando quisiese.
Y así lo hice. En La Factory tuve el privilegio de coincidir con todo tipo de seres extravagantes y vanguardistas, junto a personajes como: Truman Capote, Basquiat, Liza Minelli, Migg y Bianca Jagger, Paloma Picasso, Divine, o Elisabeth Taylor; y también pude ver a famosos músicos, aristócratas y políticos. Yo tengo una gran colección de diapositivas con imágenes de muchas de estas personalidades.

No solo entraba y salía a menudo de La Factory, además Warhol me permitió también fotografiar sus cuadros, mucho antes de que fueran expuestos en galerías, como la Leo Castelli, en Soho, donde se vendió el primer cuadro con la famosa lata de sopa de tomate Campbell’s, lamentablemente convertida, en España, en imagen de un programa de cotilleo de televisión. La última lata Campbell’s, de Warhol, se ha vendido por la friolera de 8’5 millones de dólares.
Yo creo que Andy no tenía ni idea de dónde estaba Barcelona, y por eso me dejaba fotografiar todo su trabajo en primicia. Yo enviaba las fotos al periódico La Vanguardia y a la revista La Gaceta Ilustrada, ambos del Grupo Godó.
Fotografié los retratos de Farha Diva, Dianne Von Fürstenberg, Mao Tse Tung, y muchos más. Y me gustó especialmente la colección de cuadros de zapatos de tacón, porque Andy usó polvo de la talla de diamantes para enriquecer la textura de sus lienzos.




Una noche coincidimos en una cena de gala en la discoteca Studio 54. La etiqueta exigía traje largo y esmoquin. A la cena asistía, también, la madre del entonces Presidente Jimmy Carter. A Lillian Carter, una mujer tímida, insegura y poco agraciada (pues se parecía a Copito de Nieve) la sentaron entre Andy y el famoso diseñador Halston.
Lillian Carter no supo qué cara poner cuando del techo, y sobre el escenario, vio bajar una enorme luna, en cuarto creciente, llorando lágrimas hechas con luz. Seguidamente, se acercó a la nariz de la luna una inmensa cuchara cargada con cocaína (hecha con pequeñas bombillas blancas). La luna esnifaba esas luces, que simulaban cocaína, e inmediatamente se ponía a sonreír. El show de la luna era uno de los más famosos decorados móviles de Studio 54.

Pero ese no fue el único mal trago de la noche para la madre del Presidente. Al poco rato, vi como Warhol se levantaba de la mesa y, ante el estupor de la Señora Carter y de sus agentes de seguridad, Andy empezó a bajarse los pantalones.
¡No podía creer lo que veían mis ojos! Afortunadamente, bajo el pantalón de su esmoquin, Andy llevaba sus inseparables vaqueros Levy Strauss. La bajada de pantalones resultó ser otra de sus escandalosas excentricidades.

En 1979, para celebrar la reapertura y redecoración de Loewe, en el Paseo de Gracia, de Barcelona, organicé un evento con un espectacular desfile. Y Warhol me envió a Bob Colacello, que publicó en Interview cuatro páginas de la inauguración. Entonces Loewe solo producía cuero pero, para aquella ocasión, se hicieron varios trajes largos, y yo diseñé todos los sombreros para el desfile, en el que las modelos llevaban cachorros de tigre vivos entre sus brazos.
Un mes más tarde, aparecí fotografiado en el Interview, apoyado en el enorme mamut de piedra del Parque de la Ciudadela, junto a Loulou de La Falaisse, que había asistido al desfile de Loewe. Y cómo los americanos tienen un ramalazo muy infantil, y yo no era nada importante, en la foto, el mamut se ve enorme y yo diminuto.

Y cuando Loewe abrió tienda en el edificio Trump Tower, de Nueva York, publiqué una foto en la que Warhol y yo estamos sentados delante de dos cuadros del famoso rascacielos.

Cuando Andrew Warhola, así se llamaba Andy Warhol, falleció el 22 de febrero de 1987, con tan solo 59 años, publiqué una esquela con unos cuarenta nombres de las personas y personajes que más relevancia habían tenido, en su tan creativa, polifacética y corta vida.


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