domingo, 13 de abril de 2008

LA FABULA DEL VIEJO ZORRO Y LA MARMOTA

Mi amigo el arquitecto Oscar Tusquets me llevó un día a la casa de Salvador Dalí, en Port Lligat, y me presentó al genio y a Gala. El año anterior, 1967, Dalí había diseñado la invitación a la Cena de Gala del VI Congreso de Angiología, presidido por mi padre. Esa fue mi tarjeta de presentación.


Los cuatro puntos cardinales hoteleros de Dalí eran: El Meurice, en París; el Saint Regis, en Nueva York; el Palace, en Madrid; y el Ritz, en Barcelona. Yo tuve encuentros con Dalí en esos cuatro hoteles. Y fue en el Ritz donde vi por segunda vez al célebre pintor. Además de encantarme su pintura, Salvador Dalí y sus desbordantes excentricidades me fascinaban.
Cuando yo vivía en Ibiza, y pasaba un par de días en Barcelona para visitar a mi familia, me instalaba en el Ritz. El entonces Presidente, Antonio Parés, generoso amigo y conocedor de mi precaria economía, me hacía pagar el simbólico precio de mil pesetas por noche. ¡Un verdadero chollo!
Una tarde, mientras pedía mi llave a Pascual, mi conserje favorito, vi con asombro pasar un caballo blanco, al que hicieron subir, a regañadientes, por la escalinata alfombrada, para llevarlo a la Suite Real, donde estaban instalados Gala y Dalí. El caballo, asustado, dejó un apestoso y voluminoso regalo delante de la puerta de la suite. En el Ritz, por las tardes, Dalí reunía a un grupo de amigos y personalidades de distintos ámbitos, y tuve el privilegio de ser invitado por Antonio Parés a entrar en la Suite Real.
Aquella misma noche, acabamos en la discoteca Boccaccio, acompañados por la cantante Fraçoise Hardy y la bella venezolana Mercedes Olavarría. Dalí estuvo todo el rato jugando con el nervioso ocelote de Peter Moore, entonces su secretario, y conocido como “El capitán”.
En Nueva York acudí, acompañado por Amanda Lear, musa del pintor, y Carmen D’Alessio, relaciones públicas de la discoteca Studio 54, a un original happening que Dalí había institucionalizado, todos los domingos, a las cinco de la tarde, en un salón del Hotel Saint Regis.
Dalí se sentaba en un trono, como un emperador al que había que distraer. Unos candelabros alumbraban sugerentemente la sala, en la que actuó un grupo de ballet erótico-moderno, en el límite del porno. Recuerdo que Gala, al entrar en la oscuridad de la sala, fue deslumbrada por el fogonazo de un flash de un fotógrafo de Paris Match, y le propinó, en la cabeza, un tremendo porrazo, con el pesado mango de oro del célebre bastón que perteneció a la actriz Sarah Bernard.

Unos días más tarde, en el Saint Regis, entrevisté para La Gaceta Ilustrada, a Amanda Lear, a quien fotografié cubierta con mi abrigo de marmotas, que yo había comprado en los carísimos almacenes Saks Fifth Avenue, de Nueva York, gracias al enorme descuento que me hizo mi amigo Fernando Sánchez, diseñador de Revillon, la más prestigiosa marca de peletería del mundo, en aquel momento. Yo estaba enamorado de mi abrigo. Un capricho de joven presumido y muy friolero. Y Dalí me hizo grandes elogios de aquella prenda.
Poco a poco, Dalí y Gala se iban familiarizando con una cara a la que no acababan de ponerle nombre. En Madrid, en un salón oval de su suite del Palace, asistí a una reunión en la que estaban presentes, sentados en corro, el productor teatral Colsada, la vedette Tania Doris, el Duque de Cádiz, la fotógrafo Sylvia Polakov, y Sabater, su nuevo secretario, entre otros que ya no recuerdo. A Sylvia Polakov, especialista en pequeños desastres, se le atascó el dedo índice en el gatillo de la pistola de Sabater, que se había caído al suelo, y casi tuvimos un disgusto.

El grupo, como siempre, era muy variopinto. Yo estaba sentado a la izquierda de Gala, a quien Dalí, sentado en el polo opuesto del círculo, no quitó ojo en todo momento.

Las únicas palabras, en francés, que Gala me dirigió en toda la tarde, con un sensual retintín, fueron: “Creo que por su casa de Ibiza pasa una gente muy atractiva…” Me sorprendió que supiese que yo vivía en la isla.

En Paris, pasé un mes para echar una mano al arquitecto Ricardo Bofill, que estaba instalando un estudio para intentar vender, al Gobierno de Giscard D’Estaing, el importante proyecto “La Ciudad en el Espacio”, tras haber sido rechazado por el gobierno de Franco. Finalmente, Ricardo consiguió llevar a cabo su importante proyecto, en la localidad de Cergi Pontoise.

Aquel año, a Salvador Dalí le correspondió la creativa tarea de diseñar un número especial de la revista Vogue Francia.


Antes de la presentación de la revista, que tuvo lugar en Maxim’s, unas cuantas personas nos reunimos con Dalí, en su suite del Hotel Meurice.

Llegué con demasiada puntualidad, acompañado por Loulou de la Falaise, brazo derecho de Yves Saint Laurent.

Un barbero le estaba poniendo tieso el bigote, mientras un panadero exiliado daba un último toque a unos muebles espectaculares, con formas daliniánas, que había realizado en pan, para el pintor.

Hacía mucho frío y yo llevaba puesto mi abrigo de marmotas. Me sorprendió que Dalí me ayudase a quitarme el abrigo, como se hace con una señora. No lo dejó sobre el banco del hall de entrada, y me extrañó el hecho de que lo colgase en el armario de su habitación, algo que pude ver gracias a un juego de espejos. Pero no le di importancia.

Cuando llegó el momento de ir a Maxim’s, mi abrigo no aparecía. Y al pedírselo a Dalí, puso cara de no saber de qué le estaba hablando. Insistí y le recordé que lo había colgado en su armario.

Dalí era un apasionado de las pieles. Tenía muchos abrigos de pieles. Incluso en la foto que se publicó días antes de su fallecimiento, llevaba puesto un gorro de armiño.

Tras mi insistencia, entró en su habitación, y regresó con un viejo abrigo de zorros, que estaba hecho unos zorros (valgan la redundancia y la cara dura).

Dalí pensaba, seguramente: “Este jovencito no va a protestar al genial Saaaaaalvador Daliiiiiiií, y le voy a dar el cambiazo”.



Pero no lo consiguió. Tras descolgar de la percha personalmente mi abrigo de marmotas, y devolver a Dalí sus viejos zorros, salí de la suite, y observé que su engominado y famoso bigote perdía rigidez. El genio se llevó un chasco y estuvo a punto de necesitar, de nuevo, al barbero.

Moraleja:
Aunque el zorro sea muy listo y muy viejo
A la joven marmota no le birlará el pellejo.

Fotos via Flickr: Victor Mira, jkazius, ilebiju.

miércoles, 9 de abril de 2008

GENTE CON DOS O MÁS CARAS...

400 años antes de Cristo, Aristóteles dijo acerca de la hipocresía: No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo, y bajo el mismo aspecto. Y siglos más tarde, Molière afirmó: La hipocresía es el colmo de todas las maldades.

En la antigua Grecia, el hypocritis era el actor de teatro, enmascarado y disfrazado. Hoy, definimos la hipocresía como el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se sienten o experimentan. Y es muy frecuente encontrarnos con personas con muchas caras, y bastante duras. La hipocresía es una falta de autenticidad.

La buena educación y las sofisticadas normas de conducta nos obligan, en muchas ocasiones, a ser hipócritas light, y a decir lo contrario de lo que estamos pensando. Pero eso serían inofensivas mentiras piadosas. Pongamos el caso de una persona a quien te encuentras por la calle y se queja de estar cansada, y de tener mala cara. Lo correcto, ya que uno no es médico, sería tranquilizarla diciendo educadamente: "Pues yo no veo que tengas tan mala cara". La diplomácia es una forma de refinada hipocresía.

Hay casos en que el hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, incluso más que para engañar a los otros. Ese espécimen acaba también por creerse sus propias mentiras, a fuerza de contarlas repetidamente.

Además de la educación está el pudor. El pudor es también una forma muy corriente de hipocresía, que consiste en decir, rara vez, lo que uno piensa.

Yo soy pudoroso, prudente y educado, un cóctel imprescindible para ejercer mi profesión de Relaciones Públicas. Pero esta cívica combinación me ha convertido en ocasiones en un guerrero sin escudo, frente al maleducado, al borde, al egoísta, al abusador, o al ingrato.

Durante muchos años he soportado pacientemente críticas y desaires, y tragado sapos, como una de esas pobres ocas con las que se hace el foie gras. Hasta que, debido a que ya peino algunas canas, he comprendido que me ha llegado el momento de reaccionar, y de poner en su sitio, con cuatro palabra justas, a todas esas personas con varias caras de cemento armado.

Reservando todo mi amor, amabilidad, generosidad y simpatía, unicamente para todas aquellas personas que merezcan esas gentilezas y ese buen trato de mi parte.

Yo, que no soy nada violento, con esos elementos de doble cara dura, me he vuelto implacable. No en vano en la Sagradas Escrituras se dice: "Teme la ira de los justos".

Sinembargo, tener doble faz, no parece ser un defecto en Gautam Budda Nagar, un pueblo a las afueras de Nueva Delhi, en India, donde ha nacido Lali, una pobre niña con una monstruosa malformación.

Debido a una duplicación cráneofacial, Lali tiene cuatro ojos, dos narices y dos bocas, razón por la que todo el pueblo la venera como la reencarnación de la diosa Durga, divinidad que tiene tres ojos y varios brazos.

A los pies de Lali, vecinos y peregrinos, encienden velas, queman incienso, depositan ofrendas florales, alimentos, e incluso monedas, esperando ingenuamente a que se produzca un milagro.

El padre de Lali, un granjero de 23 años, ha rechazado por el momento la cirugía. Y el alcalde de Gautam Budda Nagar ha declarado: "Lali es un regalo para nosotros, y ha traido la fama a nuentro pueblo", y el hombre ya está pensando en construir un templo en honor de la niña de las dos caras.

Yo conozco a muchos que debido a su"duplicación facial" han conseguido la fama en nuestro país.
Y espero que el dinero que pudiese invertirse en hacerles un monumento se destine a solventar los gravísimos problemas que estamos teniendo por la falta de agua.

Fotos vía Flickr: Mister Dalton, Andrea.albores, jimeli1.

domingo, 6 de abril de 2008

UNA FAMILIA CREATIVA

En tan solo un mes he asistido a la presentación de un libro escrito por mi sobrino, y colaborador de El PAÍS, Borja Vilaseca Martorell; y a la exposición de cuadros de mi sobrino Sergio Piera Martorell.


"Encantado de conocerme", de Plataforma Editorial, explica qué es y cómo funciona el Eneagrama, una herramienta de autoconocimiento, muy eficaz para conocerse mejor.

Las tendencias de comportamiento que describe el Eneagrama, basadas en nueve modelos mentales, pueden ayudarnos a saber por qué somos como somos, y ayudarnos también a descubrir la persona que podemos llegar a ser.

Esta herramienta psicológica está resultando de gran utilidad, también, a los departamentos de recursos humanos de muchas empresas, y a psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas.

Dos semanas más tarde asistí, en el Forum del Fad, a la exposición de cuadros de Sergio Piera Martorell.


Los beneficios obtenidos por la venta de los cuadros expuestos, y de unas camisetas diseñadas también por este otro sobrino mío, se destinaban a la Fundación Nirname, pro Derechos Humanos.

Para la realización de estas originales y muy trabajadas obras, de 2 metros por 1, Sergio Piera ha empleado una técnica mixta con impresión Durst-RHO 600, en Poliéster plata sobre Dibond aluminio.


No es de extrañar que 46 de estas obras partan, en breve, para los Estados Unidos, para ser expuestas, durante los meses de mayo y junio, en el Time Warner Center de Nueva York; y, en octubre, en una exposición individual en Orlando.


Me siento orgulloso por tener familiares tan creativos.

viernes, 4 de abril de 2008

EXPOSICION DE JOYAS NARDI


Sr. Samaranch, Condesa de Godó, Princesa de Tirnovo y Alberto Nardi
En el Salón Dorado del Círculo Ecuestre, de Barcelona, organicé una exposición de las preciosas y artesanales joyas del prestigioso joyero veneciano Alberto Nardi.

El antigüo salón recordaba la atmósfera de la joyería Nardi, sita cen la misma Plaza San Marcos de Venecia.

La encantadora Miriam Ungria, esposa del Principe Kardam de Tirnovo, y representante para España de la marca, recibió a los invitados junto a Alberto Nardi.

Las primeras horas se dedicaron exclusivamente a los medios informativos.

Entre las más de trescientas personas de la alta sociedad de Barcelona, que acudieron a la breve exposición, pues solo duró dos días, saludamos a: Juan Antonio Samaranch, siempre bien acompañado por Luisa Sallent, la Condesa de Godó, Arturo y Carminchu Suqué, Eva Soldevila, Susana Palatchi, Mercedes de Sarriera, Paco y Mercedes Gaudier, Carmen de Robert, los Marqueses de Barbará, Sol Daurella, Mercedes Recolons, Alfonso Riviere, Dolly Fontana, Manolo Carreras, Antonio Basso, y Soledad Desvalls, entre muchos otros amigos.


Los célebres Morettos, que tanto lucieron la Princesa Gracia de Mónaco, la Reina Paola de Bélgica, Ingrid Bergman y otras muchas celebridades, fueron la atracción de la exposición. El Moretto es el sello distintivo de Nardi. Una magnífica miniatura del moro veneciano en forma de broche.


Hubo hasta una competición, pues alguna de mis amigas llegó con el broche Moretto en la solapa. La Sra. Hidalgo confesó poseer cinco, a lo que Mar Alvarez replico: "¡Pues yo tengo siete!". Sugerí a Nardi que le diseñase a Mar Alvarez una "Negranieves" para sus siete Morettos.

Al final de la exposición no quedaron Morettos. Yo, debido a mi precaria economía, con dos trozos de croqueta de un frugal catering, atravesados por un palillo, me confeccioné un broche al que bauticé El Croquetto, nombre con el que Jacob Bendahan ha decidido llamar a los Morettos falsos. Pues, hoy día, de todo lo bueno hay copias.

El broche final lo puso la discreta y elegante aparición de S.A.R. la Infanta Doña Cristina, gran amiga de Miriam Ungria. Y me hizo recordar una foto de S.A.R la Infanta Doña Elena, luciendo dos Morettos en la solapa de un traje de chaqueta rojo.



Fotos: Masat

LA JUSTICIA Y EL CASO MARI LUZ

Si una imagen vale más que mil palabras. Con dos imagenes como estas, ya ni te cuento ...
LA JUSTICIA ESPAÑOLA ES:




Fotos via Flickr: amanecer2008 y Michael448.