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lunes, 17 de septiembre de 2012

YO DENUNCIO EL MALTRATO ANIMAL



Estos días se ha hablado mucho de la fiesta de Tordesillas, que consiste en torturar a un toro con lanzas hasta darle muerte.


Somos un país muy aficionado a maltratar al toro de muy distintas y crueles maneras.




Al toro le gustaría poder defenderse con banderillas, estoques y picas.







Este horrible y funesto inquisidor general de Roma, que acabó siéndo el Papa Paulo IV, utlizaba a un toro para torturar a quienes no comulgaban con las ideas católicas.


El llamado Toro de Falais era un horno de hierro, con una puerta lateral.

Las víctimas de la Inquisición, eran introducidas, en nombre de Dios, en el interior de ese horno.


Los cuerpos se cocinaban lentamente. El sufrimiento de esta tortura era atroz. Por el morro del toro salían los gritos desgarradores de los torturados, como si fuesen del propio toro.

El Pontífice Paulo IV inventó una tortura espantosa: Cocía a los herejes en una olla llena de aceite, alquitrán y trementina. Hitler me parece un moñas comparado con este Santo Padre. 


En 1.959, Paulo IV promulgó la primera versión de este Indice de censura de publicaciones, titulado: Index Librorum Prohibitorum. Bastaba que, en un registro en una casa, los inquisidores encontrasen ejemplares alguno de los libros censurados por este índice, para que sus propietarios acabasen en la hoguera o torturados sin piedad.






De haber yo nacido en el siglo XVI, hubiese acabado despellejado por esos "santos varones".  Porque yo, a mis 16 años, empecé a leer muchos de esos libros que fueron  prohibidos por la Iglesia Católica. Y que son obras de grandes intelectuales y eruditos escritores, hoy día muy admirados.




Lamentablemente, para producir alimentos a nivel industrial, las fábricas recurren a también a sistemas bastante crueles.


Me horroriza ver como mal viven las gallinas hacinadas en jaulas.


Peor final tienen las gallinas y aves que son decapitadas por jinetes en esta fiesta popular de Nalda.


Por suerte ya se prohibió la horrorosa fiesta popular, que consistía en tirar a una cabra viva desde lo alto del campanario de la iglesia de Manganeses de la Polvorosa (Zamora).


A nivel frívolo también torturamos a nuestros animales de compañía.


Hay quienes encuentran esto gracioso, o que incluso ganan premios con estas ridiculeces.


Nos divierte ver como hacen piruetas los animales domados de un circo.


Pero el aprendizaje y doma de estos animales es una verdadera tortura desde su nacimiento.



En Taungoo, ciudad entre Tailandia y Birmania, los llamados mahout, domadores de bebés elefante, separan a los pequeños paquidermos de sus madres. Los atan y dejan tres días sin comer ni beber. Y, cuando están muy debilitados, les pegan brutalmente con palos, que tienen ganchos metálicos en sus extremos. Torturados hasta la extenuación, como muestra esta foto de Brent Lewin, los pobres bebés elefantes terminan convirtiéndose en aterrorizados esclavos del hombre.


Estos elefantes, domados por el cruel método llamado phajaan, se comportarán como dóciles y sumisos animales, y serán vendidos a circos, zoológicos y empresas turísticas, para nuestro deleite.