viernes, 15 de mayo de 2009

UN LORD SANDWICH, POR FAVOR

Estaba tomando unos emparedados en la terraza del Hotel Montague on the Gardens, en la calle Montague de Londres.

Y, de repente, me vino a la cabeza la imagen de un joven de una familia aristócrata inglesa apellidado Montagu, que conocí hace muchos años en Ibiza. Creo que era descendiente de John Montagu, 4º Conde de Sandwich, y que puede verse en su retrato de 178o . (Unas veces escriben Montague con una e final, y otras no).

Mirando aquel emparedado entre mis dedos, recordé que fue John Montagu, quien dio nombre a eso tan común y corriente que comemos formado por dos trozos de pan: el sandwich.

A Lord Sandwich le gustaba comer carne o lonchas de jamón York mientras jugaba a las cartas, que acababan completamente pringadas de grasa.

Para evitar ese desagradable príngue en sus naipes, pidió que le sirvieran siempre las viandas entre dos trozos de pan, cuando jugaba a las cartas con sus amigos y familiares. Montagu quería pulcritud sobre el tapete, como en el cuadro de Caravaggio.

Lord Sandwich le dio el nombre al bocadillo, pero no lo inventó. Y fue Edward Gibbons la primera persona que escribió la palabra "sandwich", haciendo referencia a "carne fría entre dos trozos de pan".

En la Edad Media se utilizaba el pan duro sobrante como base para la comida. Ese trozo de pan mojado se daba luego a mendigos o se tiraba a los perros. Los judíos también usaban el pan para envolver el cordero pascual. Y en Holanda, en las tabernas del siglo XVII, el pan servía de plato desechable.

En el siglo XIX, la clase trabajadora adoptó el sandwich (vulgo: bocata), pues es una cómoda y fácil manera de llevarse la comida al trabajo.

El sandwich, bocadillo o emparedado ya no es una comida solo para la clase trabajadora, ni para aristócratas que juegan a cartas sin mancharse. El poner algo comestible entre dos trozos de pan es, hoy en día, algo de lo más común de este planeta, y con el "invento" se han forrado muchas empresas multinacionales.

Y otras mucho más humildes.

Aunque son ya muy pocos los que recuerdan al aristócrata inglés en sus negocios.

Y son muchos los que utilizan el término "sandwich" para denominar ciertas prácticas... pero deconocen su origen.

El sandwich más comercial es el conocido como Hamburguesa, y se encuentra en todos los países y tamaños. Desde la hamburguesa normal.

Hasta la macro.


O la mini.

El sandwich puede ser de lo más grosero.

O lo más sofisticado.

En países como Vietnam la carne de perro es considerada una delicia.

Y no me refiero al "perrito caliente" o "hot dog".

Hay sandwiches creativos y muy divertidos para niños.

E, incluso, absurdos y extravagantes. Como este con una bola de helado de café.

Pero sean como sean, y contengan lo que contengan, cualquier alimento entre dos trozos de pan le debe su nombre a John Montagu, 4º Conde de Sandwich.


Molière escribió: "Hay que comer para vivir, pero no vivir para comer".

Fotos via Flickr.

miércoles, 13 de mayo de 2009

CALLEJEANDO POR LONDRES, SUS TIENDAS Y SUS MUSEOS

No pude tener mejor recibimiento a mi llegada al aeropuerto, pues me encontré con este grupo de simpáticas inglesas, de origen indio, que manifestaban su amor por mi ciudad natal con camisetas con el lema: I LOVE BARCELONA.

Yo podría ponerme una camiseta I LOVE LONDON, pues me gusta mucho esta ciudad.

Londres es la ciudad ideal para el hombre. Especialmente si se quiere comprar ropa elegante y clásica. Yo siempre doy una vuelta por Burlington Arcade.

Pasando por Picadilly Arcade, se llega a Jermyn Street, una calle de tiendas muy masculinas, presidida por la estatua de Beau Brummel.

Con tan solo 20 años ya me gustaban las antiguas tiendas como Floris, en Jermyn Street.

Siempre que voy a Londres compro las cremas de afeitar en Taylor.

Y corbatas y camisas en Turnbul & Asser.

Y si quiero un restaurante muy tradicional, sin turistas, y que no esté "de moda", reservo en Wiltons, en el 55 de Jermyn Street. Este restaurante se inauguró en 1742.

Las grandes marcas como Cartier, Tiffany, Prada, Dior, Valentino, Vuitton o Ralph Lauren, se encuentran en Sloan Street, y también en Bond Street, Old Bond Street y New Bond Street, donde se halla la estatua de Winston Churchill, sentado en un banco.

Me gusta la galería The Royal Arcade, en esa calle Bond que cambia tres veces de nombre.

La tienda más clásica de esa zona es Asprey, y en la acera de enfrente está la papelería Smythsons.

Hay tres grandes espacios que nunca dejo de visitar:

Fortnum & Mason, en Picadilly, prooveedor de la Casa Real, es una maravilla.




Por supuesto Harrod's.




Y, finalmente, Harvey Nichols, que es mucho más actual, y con unos escaparates siempre muy creativos y vanguardistas.






Por la tarde fui a ver una película de época, sumamente bien ambientada: The Young Victoria.

Lo cual motivó que, al día siguiente, fuese al Museo Victoria and Albert.



Allí entré a ver "Hats", una divertida exposición antológica del sombrerero Stephen Jones.



No muy lejos del Victoria and Albert está el Museo de Historia Natural. Y como es el bicentenario del nacimiento de Darwin, me dirigí allí para ver su estatua.



Necesitaba refrescar mis ojos con arte contemporáneo, y di un salto a la Tate Modern Gallery.

Luego fui a la Saatchi Gallery, y fotografié dos instalaciones muy impactantes.

"Mujeres musulmanas", de Kader Attia Gohst. Una sala abarrotada de mujeres, en actitud sometida, hechas con papel de plata.

Y "Old persons home", de los artístas chinos Sun Yuan y Peng Yu, que han colocado en una sala blanca unas 10 sillas de ruedas eléctricas, que se mueven sin cesar y chocan entre ellas, con unos ancianos que parecen auténticos moribundos.


La Galería Saatchi está junto a Kings Road, en Chelsea, un barrio lleno de vida y con algunos personajes excéntricos.

Y otra zona por donde me gusta mucho pasear, como un turista más, es Covent Garden.


Me recomendaron el restaurante japonés Zuma, que está de super moda. Pero, francamente, no me impresionó mucho.

Lo que sí me impresionó muchísimo fue Abercrombie & Fitch. Esta tienda de ropa americana está en Burlington Gardens, como escondida en una calle nada comercial. No hay rótulo en la fachada del antiguo edificio, ni nada que dé a entender que es una tienda. Pero a las dos de la tarde, no paraba de entrar y salir gente cargada con bolsas.

En la entrada unos modelos, cuerpo desnudo, se fotografían con los clientes.


En el interior casi no hay luz. Suena un música de discoteca a tope de decibelios, y hay vendedores bailando como gogós. Las paredes de los distintos pisos están cubiertas por frescos muy modernos.

Había tanta gente comprando que era difícil circular.

Pedí una tarjeta para tener la dirección, pero no hacen ni tarjetas. Abercrombie & Fitch me pareció un fenómeno comercial sorprendentemente novedoso.

Y llegó el momento de regresar a Barcelona. Tomé un taxi multicolor, conducido por una negra rastafari, y me fui al aeropuerto.

En Heathrow vi a varias personas con mascarilla, por temor a la gripe porcina.

Creo que yo también hubiese tenido que ponerme la mascarilla, porque al día siguiente tenía un poco de fiebre y muy mala cara.

Francis Bacon dijo: "Los viajes, en la juventud son una parte de la educación, y en la vejez una parte de la experiencia".

Fotos: Carlos Martorell. Y via Flickr: Peter Owen, daveknapik, Wolfiewolf, Angela Madueño, canmark, capnmikesphotos, mrkubi, gios marta, Human Flesh Dancer, Marcio Cabral de Moura y Gordon' Dry.