martes, 14 de septiembre de 2010

ESPECTÁCULOS DISCOTEQUEROS Y MODAS EN IBIZA

En mi generación estaba de moda llevar el pelo largo.

La gente joven lucía unas tupidas y largas melenas.


Se les llamaba "melenudos".


Se hizo, incluso, un famoso musical llamado "Hair" (Pelo).

Por el contrario, a los jóvenes de hoy dia habría que llamarles "calvudos". Porque, a muy temprana edad, empiezan a perder el cabello y a tener entradas.


Y, ¿cuál es la solución de moda?: Afeitarse totalmente el cráneo. Y así están todos mondos y lirondos, antes de cumplir los 30 años.

En 1959, el actor Yul Briner se hizo famoso por su cabeza calva. Entonces era el único con ese look. Este verano, en Ibiza, había masas de jóvenes con la cabeza rapada.

Otra cosa que me choca mucho es el nuevo concepto de fiestas multitudinarias de discoteca en Ibiza. Y pongo como ejemplo la fiesta SuperMartXé, del promotor Nano Barea.


La fiesta tiene lugar los viernes en Privilege. Esta macro-discoteca, la más grande del mundo, se llamó KU (entonces era un jardín con una piscina) y yo, en 1978, organicé su fiesta inaugural, que fue ecológica y premonitoria, pues la llamé "Funeral por el Mediterraneo".

Una masa de miles de personas asiste a un auténtico espectáculo teatral y circense, que tiene lugar sobre un inmenso escenario.


Allí no cabe un alfiler, y el público no baila, solo puede mover la cabeza, como esos perros de juguete que se ponen en los coches. Y, en los momentos de climax, creados por los super adorados disc-jokeys, la masa profiere gritos y silbídos, alza los brazos, y hace fotos con sus cámaras y móviles.

Sobre el enorme escenario hacen striptease, y actuan, cantan y bailan artistas, gogós, enanos, dragqueens, etc. Y de los techos cuelgan contorsionistas medio desnudos y trapecistas. ¡Es increíble!

El rockero, super tatuado, Tommy Lee (ex marido de Pamela Anderson) actuó como disc-jokey en una de las últimas fiestas SuperMartXé, en Privilege.


Entre el público enardecido vi a muchísimas personas tatuadas.

Y es que muchas celebridades, e icónos de la juventud, están tatuados, creando un importante efecto mimético en las masas.

Los tatuajes crean adicción. Se empieza por uno pequeño, y puede acabarse con todo el cuerpo tatuado.

Un dia empecé a "comerme el cóco" pensando que mi aspecto estaba pasado de moda. En Ibiza hay muchos locales para hacerse tatuajes, y me fui directo a uno en la Calle de la Virgen.

Tras sentarme bajo un potente foco, esta tatuadora italiana, me afeitó el brazo izquierdo y me lo desinfectó.

Previamente me había enseñado varios modelos para elegir. La italiana quería tatuarme en el brazo a Woody Woodpecker, el famoso Pájaro Loco, alegando que me parecía mucho de perfíl a ese simpático pajarraco de los dibujos animados. Yo elegí uno floreado, y con la palabra LOVE. Por mi ramalazo romántico...


El dolor es bastante insoportable, y tuve que asistir a varias sesiones.


Por suerte estamos al final del verano, pues no podré tomar el sol durante un tiempo. Y tengo el brazo bastante hinchado.


Pensé que un pitbull era el perro que conjuntaba más con mis flamantes tatuajes, y me fui a ver los bosques quemados de Benirrás, con la perra Troya.
En el incendio se quemaron unas 350 hectáreas de bosque. Un verdadero desastre ecológico.


Me impresionó mucho ver esos bosques convertidos en cenizas.


Como eran las siete de la tarde, y ya no pegaba el sol, aproveché para darme un baño en la playa de Benirrás, a un paso de los bosques calcinados.


Al llegar a casa, al igual que una serpiente, empezé a peder la piel del brazo.


Y mi elaborado y creativo tatuaje acabó en el cubo de la basura. (Ha sido todo una broma de actor frustrado, utilizándo una media coloreada).
El tatuaje está pasando ya de moda. Se ven demasiados. Lo verdaderamente original. Lo que viene ahora es: el Body Carving.


Tras aplicar una anestesia local, se hacen creativas incisiones en la piel con un bisturí.

Y cuando cicatrizan las heridas, se forman unos quelóides con los dibujos deseados. Es pura marroquinería.

Y para no terminar con este horror y dejar un mal sabor de boca, quiero que hagas un clic en este link, y veas lo fantástica que era la isla de Ibiza en 1947, con caudaloso rio de Santa Eulalia incluído. Ten paciencia que entra un poco lento.

http://www.youtube.com/watch?v=pWVs-MFqykU

Fotos: Carlos Martorell y Alberto Amador.

sábado, 4 de septiembre de 2010

4 DÍAS EN ESTAMBUL. FIN DEL VIAJE.

Conocí Estambul hace unos 40 años, cuando no había turismo de masas y el ambiente en la ciuadad era muy distinto, y mucho más auténtico.


Aquel viajé a Estambul lo hice en compañía de Ricardo Bofill y Serena Vergano, tras visitar la Capadocia.

Esta ciudad, que se fundó en el siglo VII antes de Cristo con el nombre de Bizancio, ha evolucionado mucho desde mi anterior viaje.

Este es el Puente Gálata, sobre las aguas del Bósforo, que se formaron con el deshielo de la última glaciación. Es una maravilla navegar por el Bósforo al atardecer, entre Europa y Asia.

Las murallas de Teodosio me gustan por las hileras de ladrillos rojos, que se alternan con bloques de arenisca. Estas murallas han soportado los ataques de muchos enemigos y un debastador terremoto.


El mismo día en que leí que las mejores universidades del mundo eran las americanas y después las inglesas, y que las españolas, tristemente, están por debajo del número 200, pasé por delante de la Universidad de Estambul.


En Estambul, a las 5 de la mañana, me despertaban los cantos de los muecines, llamando a la oración, desde los alminares de miles de mezquitas.

Como muchos muecines turcos no hablan ni pronuncian bien el árabe y, además, desafinan, se contrató al cantante melódico Seyfettin Tomakin para darles clases y mejorar la modulación y la pronunciación del árabe.


Mi primera visita turística, acompañado por Montse, fue a la Cisterna de la Basílica. Esta colosal maravilla subterránea se construyó bajo el reinado de Justiniano, en el año 532, para abastecer de agua al Gran Palacio. La música clásica y la iluminación de estas 12 hileras de 28 columnas crean un ambiente muy mágico.

Dos de esas 336 columnas, que sustentan la bóveda de esta gran cisterna, tienen como base unas cabezas de Medusa.


Tras un copioso desayuno en el hotel, nos dirigimos al Gran Bazar. El tremendo cambio, tras 40 años, me impresionó mucho. Los incansables vendedores de este inmenso laberinto de pequeñas tiendas, cubierto de bóvedas pintadas, te abordan en todos los idiomas, insistiéndo para que entres en sus negocios. Es muy divertido.


La tiendas están abarrotadas. Y casi todas venden los mismos objetos de artesanía, como bisuterías, bolsos, pachminas y alfombras.

Algunas tiendas se especializan en un solo producto, como las pipas de agua, o narguiles, que se siguen usando en muchos bares y cafés.
Los ojos de la buena suerte se venden por todas partes. Aquí están expuestos entre estos juegos de café turco.

Los puestos de perfumes me recordaron a los de Khal El Khalili, en El Cairo.

En este bazar se vende de todo...

Mi querido trio de amigas, para quienes éste era su quinto viaje a Estambul, y donde ya son famosas en algunas tiendas, se lanzaron a las compras.

Una de las obsesiones de los turistas, aquí, es la compra de imitaciones de las grandes marcas. Y Vuitton se lleva la palma. Los hay de muy distintas calidades, hasta rozar la perfección.

A mis compañeras de viaje, que tienen los auténticos, les encanta adquirir los falsos. En el vuelo de regreso a Barcelona, casi todas la mujeres llevaban un Louis Vuitton falso. Yo mismo acabé con un falso reloj de Cartier en mi muñeca.


Pero la verdadera obsesión de mis amigas eran los suzanis y los ikats. Ellas son grandes expertas en esos temas. Pascal me decía, en broma: "Necesitan su dósis diaria, es como una adicción".

Estas telas, que pueden ser de algodón, lino, seda, o incluso hoy de material sintético, son originales de las tribus nómadas de Asia Central. El foco principal de producción es Uzbekistán. Y los pricipales motivos de los bordados, en hilo de seda, son flores de colores muy brillantes. Creo que suzan, en persa, significa aguja.
Por el contrario, el tejido ikat es de origen indio. Para el ikat, de algodón o de seda, se emplea una técnica muy especial de teñido.


La elección de un simple metro de ikat, para un cojín, podía durar horas. Y antes de decidirse por un suzani, el vendedor, pacientemente, tenía que extender unas 40 piezas sobre el suelo, creando una montaña de tejidos, y generando un cúmulo de dudas a la posible compradora. Yo, haciendo un alarde de santa paciencia, simulaba hacer la siesta, para intentar, con mi somnolienta actuación, acelerar la venta.

Por su cuenta y riesgo, Alison, la interiorista australiana, arrasaba con todas las toallas de hamam que encontraba a su paso.


Alison tenía una razón profesional: estaba decorando en París un palacete con baño turco, y necesitaba abastecerlo de toallas.

Nunca había visto tantos gatos callejeros en una ciudad. ¡Hay uno por metro cuadrado! Y yo me divertía alimentándolos durante el desayuno, o en los restaurantes. Este pequeño era mi preferido. Desayunaba junto a mis piés cada mañana.


La siguiente visita, a la Mezquita Azul, la hice yo solo. El resto del grupo seguía de compras en el Gran Bazar, y en otras tiendas y anticuarios.

Antes de entrar, te hacen descalzar, y prestan una especie de sábana a las mujeres para que se cubran.

En la decoración de esta maravilla, obra del arquitecto Mehmet Aga, no se escatimaron gastos. Los azulejos son del mejor momento de las fábricas de Iznik. La obra fue encargo del sultán Ahmet I, en el siglo XVII.


El interior de estas cúpulas y bóvedas semicirculares está pintado con preciosos arabescos geométricos.

Me impresionó ver a las mujeres marginadas en una especie de jaulas. La moqueta, debido a la combinación de tanto pie descalzo y tanto calor, huele como a queso de cabra que ha estado una semana fuera de la nevera.


No entiendo como las mujeres, a más de 40 grados de calor, soportan estas vestimentas. Muchas llevan encima de la ropa, en pleno verano, unos abrigos o unas gabardinas, hasta cubrir los tobillos.

También me sorprendió este otro atuendo infantil. Parece que el niño va a una fiesta. ¡Pues no! Este disfraz sultanesco es para el dia de la circuncisión. Equivale al traje de marinerito que nos ponían para la primera comunión. Con la diferencia de que nosotros no salíamos de la iglesia con el pene mutilado como una bellota. La sonrisa/mueca del pobre niño denota lo "contento" que va a ese obligatorio evento religioso.


Montse aspiró el aroma de la decoración floral, en la entrada del Hotel Four Seasons, donde fuímos a comer.

Me gustaron las fuentes y suelos de mármol blanco.

La ubicación de este lujoso hotel, al borde de las aguas del Bósforo, es perfecta.


Y nos resultó muy divertido ver como, sin ningún tipo de reparo, los estorninos venían en grupos a picotear la comida, subiéndose incluso encima de la mesa.


Hay otro Four Seasons en Estambul, en el casco antiguo. El edificio había sido una terrible cárcel para escritores disidentes, en 1917, y fue convertida en un hotel de estilo neoclásico, en 1996. Allí estuve alimentando a unos enormes cuervos con los restos de mi club-sandwich.

Fuí también solo a visitar la mezquita de Santa Sofia. La iglesia de la sagrada sabiduría que, como casi todo, ya había visitado 40 años atrás.


Uno queda impresionado por este vasto recinto, que produce un sentimiento de grandiosidad celestial.

La combinación del color de las vidrieras, los trabajos en oro y las caligrafías sobre fondos en azul muy oscuro son una belleza.


La cúpula, en colores dorados y adornada con serafines, alcanza unos 56 metros.

En las esquinas noroeste y norte de esta mezquita hay dos espectaculares urnas de mármol.

Me gustaron mucho los ocho enormes tondos caligráficos en madera. Lamenté mucho que el Museo de Caligrafía estuviese cerrado por reformas y no pudiese visitarlo.


En Santa Sofia hay que destacar también los preciosos mosaicos.


Isak Andic, presidente de Mango y de origen turco, me envió amablemenete una lista de recomendaciones, entre las que estaba el restaurante Pandelli, preferido casualmente por mi grupo de amigos.

Allí me esperaban dos sorpresas: el regalo de mis amigas de una caligrafía contra el mal de ojo, y el estar sentado bajo una foto dedicada al propietario de Pandelli.

La foto estaba dedicada por S.M. la Reina Doña Sofía, al dueño del restaurante, con quien aparecía sentada. Fué la mejor comida del viaje.

Después de comer visitamos el Bazar de la Especias.

Este mercado se construyó en el siglo XVII, y se le conoce también con el nombre de Bazar egipcio.


En este mercado las especias orientales están perfectamente expuestas. Ysu intenso olor es muy agradable.

Allí se venden también productos alimenticios como miel, frutos secos, dulces y pastirma (carne cruda).

Estas son las famosas "delicias turcas". Aquí los dulces se toman a cualquier hora del dia. A mi me gustan los hojaldres dulces bañados en sirope y rellenos de frutos secos, llamados baklava. Casi no se percibe en esta foto un pequeño cartel en que pone: "Turquish Viagra". No sé a qué se refiere...


Dirigiéndome de nuevo al centro fotografié esta casa tan típica de madera.

Montse me acompañó a visitar el Palacio de Topkapi. En el siglo XV, Mehmet II lo hizo construir para fijar su residencia. Durante 400 años, los sultanes otomanes dirigieron su imperio desde este palacio. En 1924 se abrió al público como museo.

El tesoro es impresionante, con miles de piedras preciosas y semi preciosas, y objetos de incalculable valor, como este diamante, llamado Cucharero, de 86 quilates, y rodeado por 49 brillantes. La foto es a tamaño natural.

Este diamente fue adquirido por Mehmet IV, y cuentan que se encontró entre la basura y se compró a un chatarrero a cambio de unas cucharas. Lo curioso de las joyas expuestas es que la mayoría son para hombres.

Una de las piezas más importantes de este tesoro es la Daga de Topkapi , de 1741. La empuñadura tiene unas enormes esmeraldas. Era un regalo del Sultán para el Sha de Persia, pero falleció antes de poder recibirlo. Son también impresionantes los tronos, cunas, jarras incrustadas, caftánes, etc.

Para relajarme un poco, entré en uno de los más antiguos baños turcos de la ciudad: el Cagaloglu Hamam, construído en 1741.

Aquí había estado también con Ricardo Bofill, el siglo pasado. De entre las varias ofertas de masaje elegí la mejor: el "Tratamiento de Sultán". Al entrar me designaron a un masajista. Era muy mayor, bigotudo y con el cuerpo cubierto por unos pelos largos y empapados en sudor.

Me hizo tumbar sobre una gran losa octogonal de duro mármol, donde otras personas estaban sudando y siendo masajeadas. Inmediatamente sentí que el intenso sudor del masajista, que olía a cenicero, goteaba copiosamente sobre mi cuerpo.

La sensación de asco culminó cuando llegó el momento del cepillado exfoliante. Después de frotarme los pies con una manopla de esparto, me la restregó a lo bestia por toda la cara. No salí de allí muy relajado, ni sintiéndome como un sultán.


Además de los productos de baratillo destinados a los turistas, en Estambul pueden adquirirse joyas, ropa, antiguedades y muchos objetos de gran valor y calidad.


Comprar en Estambul es un placer para las mujeres. Para los hombres, si no están interesados en alfombras o en antiguedades, no hay gran cosa.

En las buenas tiendas saben presentar muy bien sus productos.


Una noche fuimos todos a Hodja Pasha, para ver bailar a los Derviches. Este local había sido un baño turco en 1470.


Los Derviches danzantes, o Giróvagos, pertenecen a una cofradía religiosa de carácter místico que, girando sin parar con los brazos abiertos, consiguen entrar en un estado hipnótico. Esta danza-meditación se llama sama. Los Derviches giran al ritmo de una música monótona, con la repetición de frases sagradas, hasta conseguir el éxtasis.

(En las macrodiscotecas, para conseguir el éxtasis, como no hay ni un centímetro cuadrado para bailar girándo, se toman una pastilla y tema solucionado).




Mi grupo de amigos se marchó, quedándome solo en Estambul un dia más. Y me fui a cenar al lujoso hotel Çiragan Palace Kempinski, a la orilla del Bósforo.

Este es el mejor hotel de Estambul.


Los arreglos florales de la entrada son muy creativos.


Y la decoración es impresionante.

Al dia siguiente había una boda en los jardines. Me impactó la exuberante decoración.


Después de la cena en el hotel, fui a conocer el restaurante-discoteca Reina, ubicado en un lugar super privilegiado. Muy cerca del puente del Bósforo, llamado también puente Atatürk.

Tan solo entrar en Reina me encontré con un escaparate de MANGO. La publicidad de esta marca puede verse por toda la ciudad. ¡Bravo Isak!


La discoteca, al aire libre, y a la que muchos clientes llegan en barco, estaba iluminada con luz roja. Y las bombillas del puente, aquí en azul, va cambiando de color continuamente. Es una maravilla.


Al salir de Reina, caminando, llegué al Bazar de Ortaköy, situado también a los pies del puente del Bósforo, junto a una impresionante mezquita. Este bazar está lleno de bares musicales, cafés y restaurantes. Es un lugar muy animado para jóvenes y noctámbulos.


La mezquita de Mecidiye, del 1855, es el edificio más caracteristico del barrio de Ortaköy.



Unos minutos antes de salir hacia el aeropuerto, este limpiabotas, que ya me llamaba por mi nombre, insistió tanto en darle betún a mi calzado, que no pude disuadirle y embetunó mis zapatillas Nike, como si fuesen un par de zapatos de cuero.

Espero no haber escrito errores, por no estar muy bien informado, como el limpiabotas.

Fotos: Carlos Martorell.