viernes, 13 de marzo de 2020

NOMOFOBIA. YO NO SOY UN ADICTO AL MÓVIL

Cuando veo esta foto de mis abuelos maternos ¡flipo! 
Parecen actores de una película muy antígua. Entonces estaba muy mal visto sonreir en las fotos.
Hoy día, los abuelos se hacen selfies, con la obligada sonrisa diciéndo: ¡Patáta!
Los nietos se portan muy bien porque están todo el día distraídos con los móviles.
Cuando yo tenía 5 años, también tecleaba.
Y jugaba en el suelo con teléfonos.
Pero mis abuelos, cuando eran niños, nunca pudieron jugar con un teléfono. 
En esta foto de 1919, mi abuela materna y sus tres hijos parece que estén mirando una tablet.
En mi adolescencia, en los años 60, la gente no se pasaba horas metida en una cabina. Era imposible ser un adicto al teléfono. Y vivíamos muy bien.
Ahora la adicción al móvil es mucho más fuerte que a la cocaína.
Un joven, en la barra de un bar, le dijo a un amigo que había perdido su móvil:
"Yo prefiero que se muera mi madre a perder el móvil".

 ¡La gente no suelta el móvil ni para cagar! (con perdón).
Me enerva ver como, en los gimnasios, los adictos bloquéan las máquinas, como si estuviesen en un despacho o en su casa.
Ahora que los móviles pueden mojarse, veo en mi gimnasio a gente hablándo mientras se ducha.
 Y se llevan los teléfonos a las piscinas y zonas de aguas.
 Yo soy muy raro. Nunca camino mirándo el móvil.
Por culpa de los caminantes cabizbajos se están instalándo semáforos en los suelos.

Me publicaron este chiste. Ahora es de mala educación caminar sin mirar el móvil.
Para probarlo, caminé durante 4 horas mirándo el móvil. Cuando llegué a mi casa me dió un paralís y el brazo me quedó bloqueado. Tuve que llamar a un osteópata para que me lo desbloqueáse.
 Cada vez hay más accidentes mortales por culpa del móvil.
Nos han hecho adictos. Pero siempre puede hacerse un uso inteligente del móvil. El 80% de lo que mira la gente, mientras camina, son tonterías.
En 1876, el escocés Alexander Graham Bell patentó, en EEUU, el primer teléfono. 
En el año 2002, la Cámara de Representantes de EEUU reconoció que el verdadero inventor del teléfono fue el italiano Antonio Meucci que, en1854, no tuvo dinero para patentar su llamado "teletrofono". Murió pobre sin que le reconociesen su invento.
Qué poco se podían imaginar esos dos genios que el télefono generaría una adicición llamada NOMOFOBIA, que viene del inglés No mobile-phone phobia.
Ya se están fabricándo ataúdes especiales para nomófobos.

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