sábado, 4 de septiembre de 2010

4 DÍAS EN ESTAMBUL. FIN DEL VIAJE.

Conocí Estambul hace unos 40 años, cuando no había turismo de masas y el ambiente en la ciuadad era muy distinto, y mucho más auténtico.


Aquel viajé a Estambul lo hice en compañía de Ricardo Bofill y Serena Vergano, tras visitar la Capadocia.

Esta ciudad, que se fundó en el siglo VII antes de Cristo con el nombre de Bizancio, ha evolucionado mucho desde mi anterior viaje.

Este es el Puente Gálata, sobre las aguas del Bósforo, que se formaron con el deshielo de la última glaciación. Es una maravilla navegar por el Bósforo al atardecer, entre Europa y Asia.

Las murallas de Teodosio me gustan por las hileras de ladrillos rojos, que se alternan con bloques de arenisca. Estas murallas han soportado los ataques de muchos enemigos y un debastador terremoto.


El mismo día en que leí que las mejores universidades del mundo eran las americanas y después las inglesas, y que las españolas, tristemente, están por debajo del número 200, pasé por delante de la Universidad de Estambul.


En Estambul, a las 5 de la mañana, me despertaban los cantos de los muecines, llamando a la oración, desde los alminares de miles de mezquitas.

Como muchos muecines turcos no hablan ni pronuncian bien el árabe y, además, desafinan, se contrató al cantante melódico Seyfettin Tomakin para darles clases y mejorar la modulación y la pronunciación del árabe.


Mi primera visita turística, acompañado por Montse, fue a la Cisterna de la Basílica. Esta colosal maravilla subterránea se construyó bajo el reinado de Justiniano, en el año 532, para abastecer de agua al Gran Palacio. La música clásica y la iluminación de estas 12 hileras de 28 columnas crean un ambiente muy mágico.

Dos de esas 336 columnas, que sustentan la bóveda de esta gran cisterna, tienen como base unas cabezas de Medusa.


Tras un copioso desayuno en el hotel, nos dirigimos al Gran Bazar. El tremendo cambio, tras 40 años, me impresionó mucho. Los incansables vendedores de este inmenso laberinto de pequeñas tiendas, cubierto de bóvedas pintadas, te abordan en todos los idiomas, insistiéndo para que entres en sus negocios. Es muy divertido.


La tiendas están abarrotadas. Y casi todas venden los mismos objetos de artesanía, como bisuterías, bolsos, pachminas y alfombras.

Algunas tiendas se especializan en un solo producto, como las pipas de agua, o narguiles, que se siguen usando en muchos bares y cafés.
Los ojos de la buena suerte se venden por todas partes. Aquí están expuestos entre estos juegos de café turco.

Los puestos de perfumes me recordaron a los de Khal El Khalili, en El Cairo.

En este bazar se vende de todo...

Mi querido trio de amigas, para quienes éste era su quinto viaje a Estambul, y donde ya son famosas en algunas tiendas, se lanzaron a las compras.

Una de las obsesiones de los turistas, aquí, es la compra de imitaciones de las grandes marcas. Y Vuitton se lleva la palma. Los hay de muy distintas calidades, hasta rozar la perfección.

A mis compañeras de viaje, que tienen los auténticos, les encanta adquirir los falsos. En el vuelo de regreso a Barcelona, casi todas la mujeres llevaban un Louis Vuitton falso. Yo mismo acabé con un falso reloj de Cartier en mi muñeca.


Pero la verdadera obsesión de mis amigas eran los suzanis y los ikats. Ellas son grandes expertas en esos temas. Pascal me decía, en broma: "Necesitan su dósis diaria, es como una adicción".

Estas telas, que pueden ser de algodón, lino, seda, o incluso hoy de material sintético, son originales de las tribus nómadas de Asia Central. El foco principal de producción es Uzbekistán. Y los pricipales motivos de los bordados, en hilo de seda, son flores de colores muy brillantes. Creo que suzan, en persa, significa aguja.
Por el contrario, el tejido ikat es de origen indio. Para el ikat, de algodón o de seda, se emplea una técnica muy especial de teñido.


La elección de un simple metro de ikat, para un cojín, podía durar horas. Y antes de decidirse por un suzani, el vendedor, pacientemente, tenía que extender unas 40 piezas sobre el suelo, creando una montaña de tejidos, y generando un cúmulo de dudas a la posible compradora. Yo, haciendo un alarde de santa paciencia, simulaba hacer la siesta, para intentar, con mi somnolienta actuación, acelerar la venta.

Por su cuenta y riesgo, Alison, la interiorista australiana, arrasaba con todas las toallas de hamam que encontraba a su paso.


Alison tenía una razón profesional: estaba decorando en París un palacete con baño turco, y necesitaba abastecerlo de toallas.

Nunca había visto tantos gatos callejeros en una ciudad. ¡Hay uno por metro cuadrado! Y yo me divertía alimentándolos durante el desayuno, o en los restaurantes. Este pequeño era mi preferido. Desayunaba junto a mis piés cada mañana.


La siguiente visita, a la Mezquita Azul, la hice yo solo. El resto del grupo seguía de compras en el Gran Bazar, y en otras tiendas y anticuarios.

Antes de entrar, te hacen descalzar, y prestan una especie de sábana a las mujeres para que se cubran.

En la decoración de esta maravilla, obra del arquitecto Mehmet Aga, no se escatimaron gastos. Los azulejos son del mejor momento de las fábricas de Iznik. La obra fue encargo del sultán Ahmet I, en el siglo XVII.


El interior de estas cúpulas y bóvedas semicirculares está pintado con preciosos arabescos geométricos.

Me impresionó ver a las mujeres marginadas en una especie de jaulas. La moqueta, debido a la combinación de tanto pie descalzo y tanto calor, huele como a queso de cabra que ha estado una semana fuera de la nevera.


No entiendo como las mujeres, a más de 40 grados de calor, soportan estas vestimentas. Muchas llevan encima de la ropa, en pleno verano, unos abrigos o unas gabardinas, hasta cubrir los tobillos.

También me sorprendió este otro atuendo infantil. Parece que el niño va a una fiesta. ¡Pues no! Este disfraz sultanesco es para el dia de la circuncisión. Equivale al traje de marinerito que nos ponían para la primera comunión. Con la diferencia de que nosotros no salíamos de la iglesia con el pene mutilado como una bellota. La sonrisa/mueca del pobre niño denota lo "contento" que va a ese obligatorio evento religioso.


Montse aspiró el aroma de la decoración floral, en la entrada del Hotel Four Seasons, donde fuímos a comer.

Me gustaron las fuentes y suelos de mármol blanco.

La ubicación de este lujoso hotel, al borde de las aguas del Bósforo, es perfecta.


Y nos resultó muy divertido ver como, sin ningún tipo de reparo, los estorninos venían en grupos a picotear la comida, subiéndose incluso encima de la mesa.


Hay otro Four Seasons en Estambul, en el casco antiguo. El edificio había sido una terrible cárcel para escritores disidentes, en 1917, y fue convertida en un hotel de estilo neoclásico, en 1996. Allí estuve alimentando a unos enormes cuervos con los restos de mi club-sandwich.

Fuí también solo a visitar la mezquita de Santa Sofia. La iglesia de la sagrada sabiduría que, como casi todo, ya había visitado 40 años atrás.


Uno queda impresionado por este vasto recinto, que produce un sentimiento de grandiosidad celestial.

La combinación del color de las vidrieras, los trabajos en oro y las caligrafías sobre fondos en azul muy oscuro son una belleza.


La cúpula, en colores dorados y adornada con serafines, alcanza unos 56 metros.

En las esquinas noroeste y norte de esta mezquita hay dos espectaculares urnas de mármol.

Me gustaron mucho los ocho enormes tondos caligráficos en madera. Lamenté mucho que el Museo de Caligrafía estuviese cerrado por reformas y no pudiese visitarlo.


En Santa Sofia hay que destacar también los preciosos mosaicos.


Isak Andic, presidente de Mango y de origen turco, me envió amablemenete una lista de recomendaciones, entre las que estaba el restaurante Pandelli, preferido casualmente por mi grupo de amigos.

Allí me esperaban dos sorpresas: el regalo de mis amigas de una caligrafía contra el mal de ojo, y el estar sentado bajo una foto dedicada al propietario de Pandelli.

La foto estaba dedicada por S.M. la Reina Doña Sofía, al dueño del restaurante, con quien aparecía sentada. Fué la mejor comida del viaje.

Después de comer visitamos el Bazar de la Especias.

Este mercado se construyó en el siglo XVII, y se le conoce también con el nombre de Bazar egipcio.


En este mercado las especias orientales están perfectamente expuestas. Ysu intenso olor es muy agradable.

Allí se venden también productos alimenticios como miel, frutos secos, dulces y pastirma (carne cruda).

Estas son las famosas "delicias turcas". Aquí los dulces se toman a cualquier hora del dia. A mi me gustan los hojaldres dulces bañados en sirope y rellenos de frutos secos, llamados baklava. Casi no se percibe en esta foto un pequeño cartel en que pone: "Turquish Viagra". No sé a qué se refiere...


Dirigiéndome de nuevo al centro fotografié esta casa tan típica de madera.

Montse me acompañó a visitar el Palacio de Topkapi. En el siglo XV, Mehmet II lo hizo construir para fijar su residencia. Durante 400 años, los sultanes otomanes dirigieron su imperio desde este palacio. En 1924 se abrió al público como museo.

El tesoro es impresionante, con miles de piedras preciosas y semi preciosas, y objetos de incalculable valor, como este diamante, llamado Cucharero, de 86 quilates, y rodeado por 49 brillantes. La foto es a tamaño natural.

Este diamente fue adquirido por Mehmet IV, y cuentan que se encontró entre la basura y se compró a un chatarrero a cambio de unas cucharas. Lo curioso de las joyas expuestas es que la mayoría son para hombres.

Una de las piezas más importantes de este tesoro es la Daga de Topkapi , de 1741. La empuñadura tiene unas enormes esmeraldas. Era un regalo del Sultán para el Sha de Persia, pero falleció antes de poder recibirlo. Son también impresionantes los tronos, cunas, jarras incrustadas, caftánes, etc.

Para relajarme un poco, entré en uno de los más antiguos baños turcos de la ciudad: el Cagaloglu Hamam, construído en 1741.

Aquí había estado también con Ricardo Bofill, el siglo pasado. De entre las varias ofertas de masaje elegí la mejor: el "Tratamiento de Sultán". Al entrar me designaron a un masajista. Era muy mayor, bigotudo y con el cuerpo cubierto por unos pelos largos y empapados en sudor.

Me hizo tumbar sobre una gran losa octogonal de duro mármol, donde otras personas estaban sudando y siendo masajeadas. Inmediatamente sentí que el intenso sudor del masajista, que olía a cenicero, goteaba copiosamente sobre mi cuerpo.

La sensación de asco culminó cuando llegó el momento del cepillado exfoliante. Después de frotarme los pies con una manopla de esparto, me la restregó a lo bestia por toda la cara. No salí de allí muy relajado, ni sintiéndome como un sultán.


Además de los productos de baratillo destinados a los turistas, en Estambul pueden adquirirse joyas, ropa, antiguedades y muchos objetos de gran valor y calidad.


Comprar en Estambul es un placer para las mujeres. Para los hombres, si no están interesados en alfombras o en antiguedades, no hay gran cosa.

En las buenas tiendas saben presentar muy bien sus productos.


Una noche fuimos todos a Hodja Pasha, para ver bailar a los Derviches. Este local había sido un baño turco en 1470.


Los Derviches danzantes, o Giróvagos, pertenecen a una cofradía religiosa de carácter místico que, girando sin parar con los brazos abiertos, consiguen entrar en un estado hipnótico. Esta danza-meditación se llama sama. Los Derviches giran al ritmo de una música monótona, con la repetición de frases sagradas, hasta conseguir el éxtasis.

(En las macrodiscotecas, para conseguir el éxtasis, como no hay ni un centímetro cuadrado para bailar girándo, se toman una pastilla y tema solucionado).




Mi grupo de amigos se marchó, quedándome solo en Estambul un dia más. Y me fui a cenar al lujoso hotel Çiragan Palace Kempinski, a la orilla del Bósforo.

Este es el mejor hotel de Estambul.


Los arreglos florales de la entrada son muy creativos.


Y la decoración es impresionante.

Al dia siguiente había una boda en los jardines. Me impactó la exuberante decoración.


Después de la cena en el hotel, fui a conocer el restaurante-discoteca Reina, ubicado en un lugar super privilegiado. Muy cerca del puente del Bósforo, llamado también puente Atatürk.

Tan solo entrar en Reina me encontré con un escaparate de MANGO. La publicidad de esta marca puede verse por toda la ciudad. ¡Bravo Isak!


La discoteca, al aire libre, y a la que muchos clientes llegan en barco, estaba iluminada con luz roja. Y las bombillas del puente, aquí en azul, va cambiando de color continuamente. Es una maravilla.


Al salir de Reina, caminando, llegué al Bazar de Ortaköy, situado también a los pies del puente del Bósforo, junto a una impresionante mezquita. Este bazar está lleno de bares musicales, cafés y restaurantes. Es un lugar muy animado para jóvenes y noctámbulos.


La mezquita de Mecidiye, del 1855, es el edificio más caracteristico del barrio de Ortaköy.



Unos minutos antes de salir hacia el aeropuerto, este limpiabotas, que ya me llamaba por mi nombre, insistió tanto en darle betún a mi calzado, que no pude disuadirle y embetunó mis zapatillas Nike, como si fuesen un par de zapatos de cuero.

Espero no haber escrito errores, por no estar muy bien informado, como el limpiabotas.

Fotos: Carlos Martorell.

25 comentarios:

Beatriz dijo...

Impresionante visita la que acabo de hacer a través de tus imágenes y palabras!!!

Lo que más me ha impresionado... la Cisterna de la Básilica!!!

Y, a pesar, del mal rato que pasaste, lo del masajista me ha hecho reir mucho!...¿no es más sencillo comenzar por la cara y terminar por los pies?

Un beso. Bea

Merche Pallarés dijo...

¡Qué profusión de información Estambulera! Con tus toques de humor que me encantan... Cuando mencionas lo del "baklava" me trajo recuerdos de Toronto donde lo comía profusamente porque también me chiflaba... ¡Qué rico!
Lo de las compras... yo hubiera estado igual que tú, tirada en un sofá. Aunque parezca raro, siendo mujer, ¡odio hacer compras! (debe de ser debido a mi lado masculino...). Besotes, M.

FERNANDOG dijo...

Carlos:

coincido con Beatriz,no te imagino siendo víctima de un chorreo de sudor de un masajista.Por cierto, me maravilló comprobar que el "Marala" sigue estando impecable. Recuerdo que hace unos 30 años era un habitual en el club de mar de Palma, en aquel entonces llevaba una imponente cigarette a su costado. Tal vez sea otro de los yates que ha renunciado a las aglomeraciones actuales de nuestra costa.

Un abrazo, y como siempre maravillosos post.!!

Carlos Martorell dijo...

BEATRIZ: La Cisterna es realmente impresionante, pensando en su uso. Un abrazo

Carlos Martorell dijo...

MERCHE: Yo, cuando compro, no tardo nada en la elección. Un abrazo.

Carlos Martorell dijo...

FERNANDOG: El Marala está igual. Pero a Robert ya no le apatecen las Baleares. Lástima! Un abrazo.

Anónimo dijo...

Como siempre su blog, una maravilla. Pero hoy se ha superado. Es V. un artista en todos los aspectos.
Un saludo. Magdalena

Carlos Martorell dijo...

MAGDALENA: Muchísimas gracias. ¡Qué simpática! No siempre tengo temas tan amenos. Un abrazo.

Carlos Martorell dijo...

MAGDALENA: Muchísimas gracias. ¡Qué simpática! No siempre tengo temas tan amenos. Un abrazo.

Doña Manolita Dalloway dijo...

Que bonito viaje y que ilustrativo.
Aunque los países con tendencia árabe a los pocos días me aburren mucho, Estambul es uno de mis próximos destinos.

Lo mejor, las telas., entiendo que tus amigas se volvieran locas.

Doña Manolita Dalloway dijo...

Y muy inteligente el comentario de Beatriz,
Empezar por los pies......

Yo aun recuerdo la risa que me entro mientras nos daban a un amigo y a mi un masaje en Asilah, norte de Marruecos,
Los 2 en el suelo, me gire y vi la cara de sufrimiento de mi amigo Nacho mientras un señor le machacaba la espalda supuestamente para relajarnos....
No pude parar de reír!
Para masajes y demás sesiones exfoliantes, a Altea

Carlos Martorell dijo...

DOÑA MANOLITA DALLOWAY: A mí el masajista me chafó los meníscos contra el duro mármol, mientras los lubricaba con su pestilente sudor: Un auténtico trato de Sultán!! Un abrazo.

kovalam dijo...

Acabo de descubrir tu blog a partir del artículo del EPS y solo puedo decir: ¡chapeau!

Solo he leído las dos última entradas y he quedado más que gratamente sorpredida. Me gusta esa combinación tan agil que haces de fotos y cortos textos que, sin que casi una se de cuenta, logran transmitir una gran cantidad de información... lo que a mi gusto, poco amante de leer en una pantalla, debería ser la esencia pura de Internet.

¡Y para colmo un post sobre Estambul! Mi ciudad preferida, la bella entre las bellas, a la que convertiría en mi lugar en el mundo... Esta misma mañana publicaba una foto de Ortakoy y trabajando previamente sobre ella había pasado un buen rato volviendo a recorrer mentalmente sus rincones y vas tú, esta tarde, y me haces regresar de nuevo allí.

¿Coincidencia? ¿Será que ya va siendo hora de volver?

Bueno, lo dicho, felicidades por este interesantísimo blog, prometo seguirlo.

Carlos Martorell dijo...

KOVALAM: Muchas gracias. Si vuelve a ver mis posts espero no defraudarla. Un abrazo.

Guillermo dijo...

Me encanta tu blog. Te leo desde hace un tiempo y hoy me he decidido a escribir porque dentro de unos día svuelvo a Estambul. Me desilusiona saber que lo de la capital europea de la cultura no ha ido muy bien pero gozaré yendo de compras (yo sí soy un marujo redomado que disfruta regateando, teatralizando y comprando cosas que por aquí no suelo ver).Por Taskim existen unos restaurantes tipo bistrot que son una maravilla, aunque en el Pandelli al que te mandó tu amigo no desmerece nada...
Volveré a ver todo lo que ha de verse y oiré esos quejíos a media tarde que me hacen detener frente al Bósforo si estoy pasando por el puente Gálata. Tan solo te ha faltado decirnos nombres de algunas tiendas...
Qué gracia lo del hammam. A mí me pareció algo similar en Vietnam, aunque allí era en seco.
¿Te he dicho que me gusta mucho tu blog y tus fotos?.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Estimado Carlos,

Me he despertado esta noche con insomnio, y buscando en google la dirección de una pastelería en Barcelona, he encontrado su blog. No lo conocía, pero he estado casi una hora leyendo las entradas pasadas. Quería dejarle una pequeña nota para comentarle que sus historias, comentarios y reportajes me han resultado entretenidos, lúcidos, y demostrativos de alguien con mucho saber hacer y también humanidad que, imagino, será requisito imprescindible para ejercer la profesión de gestionar con habilidad un material tan delicado como son las relaciones entre las personas, controlando distancias y permitiendo transacciones. Yo viví en Nueva York siete años, en los noventa, como investigadora, y comparto su amor por la ciudad, aunque yo sólo viví el mundo académico. Me crucé con Warhol un par de veces por la calle, tenía el señor unas pintas indescriptibles. Luego viví en París y Chicago, y ahora en Barcelona, donde también soy observadora solitaria de una ciudad que, a pesar de la luz mediterránea que podría favorecer las relaciones abiertas, encuentro sumamente hermética.

Un saludo afectuoso
Elena

Carlos Martorell dijo...

GUILLERMO: Muy burn viaje y muchas gracias! Un abrazo.

Carlos Martorell dijo...

ELENA: Me encanta que una persona como Ud. aprecie lo que escribo. Muchas gracias.
Respecto a Barcelona, yo que viví los buenos años 60 y la gauche divine, pienso también que nos estamos cerrando demasiado. Un abrazo.

Marta dijo...

Perfecta crónica de Estambul, solo echo de menos una visita ¿no visitastes Dolmabahçe? Para mi es incluso mejor que Versalle.¿ Te importaría pasarme una lista de esas tiendas interesantes a las que te llevaron tus amigas?.Sobra decir que me entusiasma tu blog, tus post son siempre amenos y sobre todo bien escritos; porque en el mundo de los blogs hay cada uno.... Ya por último comentarte que soy seguidora dessde los principios y quizás me gustaba más cuando era más "secreto".
Un saludo, Marta

Carlos Martorell dijo...

MARTA: No visité ese palacio por falta de tiempo, debido a que me llevaron a unas 50 tiendas, de las que no tengo ni idea de los nombres. La tienda en la que estoy tirado en un sofá está en el Four Seasons del Bósforo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Demasiado bueno el relato ,muchas gracias por compartir ,voy a Estambul el proximo mes y su blog es de lo mejor que encontré.

Carina

carnet manipulador de alimentos dijo...

desde luego impresionantes historias las que se ven por aquí, un saludo muy grande y felicidades por hacerme ver mas cerca de mis sueños :)

maria andrea dijo...

Estimdo Guillermo, estoy buscando la posibilidad de abrir mi propio negocio de cojines y me encntaria si pudieras darme el dato de la tienda de los SUZANIS que mostras en la foto , te paso mi mail en caso de que tengas la direccion o algun telefono de la tienda , desde ya gracias
andrea de paraguay
PD lo ideal seria algun contacto de la tienda on line , mail y telef, ya que viajar se nos hace imposible por motivos economicos.-gracias andrea

Alice in Afrique dijo...

Muchas gracias por el relato. Acabo de instalarme en Estambul y me encantaría que me dijeras dónde está la tienda de ikats y suzanis de la foto! Quiero comprar unos de buena calidad!

Carlos Martorell dijo...

ALICE IN AFRIQUE: Creo que era en el Four Seasons. No estoy seguro...