lunes, 14 de julio de 2008

UNA BODA MUY DIVERTIDA

Winston Theler, hijo de la Princesa Loretta Zu Sayn Wittgenstein Hohenstein y de Juan Ramón Theler, alias Chácha (apodado así, no por ayudar con la fregona y el plumero en las tareas del hogar, sino porque ganó, in illo tempore, un concurso de Cha Cha Cha, en Saint Moritz), ha contraído matrimonio con un auténtico bombón: la Condesa alemana Benedicta Schall Riaucour, hija de los Condes Schall Riaucour.




Lugar: El muy atractivo Hotel la Reserva Rotana, en Manacor, Mallorca. Propiedad de los padres del novio.

El evento duró tres días. Comenzando con una agradable cena campestre en Es Mayolet, un simpático anexo de La Reserva Rotana. Hubo música en vivo y un DJ, cuyos decibelios propiciaron la súbita aparición de la policía. Benedicta, con mucho retraso, llegó resplandeciente, sexy y simpática como de costumbre. (Yo creo que lava su ropa en un programa demasiado caliente y se le encoge, pues siempre va con medio cuerpo al aire. Lo que resulta, visualmente, muy agradable).




El segundo día, se ofreció un brunch en el Hotel, y pude ver pululando por la piscina y el restaurante a muchos amigos y a muchos jóvenes llegados de varios países, especialmente de Alemania. Creo que eramos unos 150 invitados.

A las 19 h., con puntualidad prusiana, comenzó la ceremonia religiosa.




Lugar: El Santuario de Nuestra Señora. Ermita de Bonany, en el Puig de Petra. En lo alto de una colina con una vista espectacular.

La novia, elegantemente vestida, entró del brazo de su padre, al son del Canon, en Re mayor, de Pachelbel. A Winston se le humedecían constantemente los ojos, y era enternecedor contemplarles tan enamorados, después de siete años de noviazgo. Algo tan infrecuente en nuestros días.





Los abanicos no paraban. Hacía mucho calor, y mientras la mujeres lucían grandes escotes, los hombres íbamos de riguroso smoking.

El cura, un ex hippy, con un contundente tono de voz, digno de un coronel de las SS, soltó una perorata en alemán que se me hizo interminable. Pero unos coros, en vivo, lograron relajarme.


Yo estaba sentado en un banco lateral, con media nalga colgando, y la otra dormida con un cierto hormigueo, pues soportaba todo el peso de mi cuerpo en equilibrio. Pero me aseguraron que aquella era una preferente y calculada ubicación Feng Shui...


Al acabar la ceremonia, y tras una lluvia de arroz (que estuve a punto de recoger en un tupperware, pues su precio se ha puesto por las nubes) Benedicta lanzó su ramo de flores, que fue a parar a manos de su cuñada, y queridísima amiga mia, Tiffany Theler. Una lengua soltera y viperina comentó que había sido tongo... Pero nada de eso. De no ser por el rápido salto de Tiffany, digno de Iker Casillas, el ramo hubiese dejado tuerta a una de las espectantes casaderas que se había despistado.



Mientras los invitados disfrutaban de un aperitivo al aire libre, un incansable fotógrafo, también alemán, hacía las consabidas fotos de grupo de familia.






A los novios les habían preparado una divertida sorpresa: Ni Rolls, ni limousine, ni coche de caballos. A la puerta, en plan gitano, les esperaba un Seat 600, de color blanco, del año de la polca, engalanado con lazos y flores, y tapizado en cebra (pues no hay que olvidar que, tanto Chácha como su hijo Winston, son certeros cazadores, y que contribuyen con deleite a la extinción de algunas especies de la fauna africana).




Cuando arrancó el coche, conducido por el propio novio, escuchamos un sonoro cling clang clong, producido por unas latas de Redbull, que atadas al parachoques, repicaban rodando por el suelo.

En el jardín del Hotel, con sus palmeras y frondosos árboles perfectamente iluminados, se habían instalado las mesas. Junto a su servilleta, cada invitada encontró una pulsera de diseño exclusivo e inspiración ibicenca. Y a los caballeros se nos obsequió, como simbólico recuerdo, con un llavero con una salamandra típicamente mediterránea.

Durante la cena se proyectaron imágenes de la más tierna infancia de Winston y de Benedicta, siempre en pelota picada. La soltera de lengua viperina comentó, por lo bajini, que aquellos vídeos con desnudos infantiles podrían ser considerados pedófilos. Y se puso a rezar un padrenuestro para que no se presentase de nuevo la policía, como había ocurrido la noche anterior, y acabasemos todos en comisaría.


El menú: Bogavante ahumado sobre leña de whisky con aguacate marinado; y Lomo de cordero gratinado, con un gratén de patatas, manzana y queso de cabra, sobre un relish de tirabeques y tomates. Todo realmente exquisito. Pero la lectura de este segundo plato, para colmo subtitulado en alemán, me produjo una súbita tendinítis en la lengua. Lo que no impidió para que disfrutase de un excelente buffet de postres, con tarta nupcial incluída. Sobre la tarta, en vez de la consabida parejita de muñecos, había una pareja de perritos, para dar a entender a los novios que el matrimonio puede ser dulce como un pastel, o acabar en una vida de perros.




Y empezaron los discursos seguidos de más discursos... Alguno de ellos realmente ocurrente. Pero el Oscar al mejor humor, algo que nunca falta en la familia Theler, se lo llevó Chácha, el padre del novio, que durante su discurso, dirigido en especial a su consuegro el Conde Schall Riaucour, le hizo entrega de dos cabras vivas, como única dote de su hijo, recalcándo que en su tan querida Africa se puede comprar a una mujer pagando con unas cabezas de ganado. La soltera de lengua viperina se tapó los oídos diciendo que no quería escuchar nada sobre esas costumbres tercermundistas. Mientras, Chácha redondeaba su discurso diciendo que, además de los dos chivos, hacía entrega de su hijo Winston, con el deseo de que no se lo devolviesen nunca.



Las cabras estaban furibundas y nos miraban con ojos desorbitados. Pues eran ya las 12 y las habían despertado en plena fase REM. Y, para colmo de su desgracia, un invitado beodo las quiso ordeñar, con el pretexto de que quería un café cortado. La soltera de lengua viperina, cuyo nombre mantendré en secreto, comentó que aquel había sido un amago de zoofília, algo muy corriente en las altas montañas nevadas, de donde provenía el beodo.

Y hablando de beodos. Los vinos, de los propios viñedos de Rotana, me sorprendieron por su óptima calidad: 2006 Preludi Blanco Xarel-lo-Macabeu-Chardonnay, y 2005 Rotana Cabernet Sauvignon Merlot, y Cava Xarot Reserva. Con ellos se me acabó de trabar la lengua, ya mermada por la tendinítis, porque el alcohol me afecta mucho, y nubla mis ya fatigadas neuronas. Lo que impidió que cogiese el micrófono para decir unas palabras en español, para tranquilizar a los pocos hispanoparlantes, que no habían entendido ni pápa de lo que allí se estaba diciendo.
Yo les quería aclarar que lo del 600 y lo de las cabras era pura broma.

¡Tranqui españoles, que estais invitados! Que los Theler, a pesar de la crísis internacional, no están en la ruina, y que no os pasarán la cuenta al finalizar la cena.

Después del café y los licores empezó el baile. Del vals se pasó rápido a la música disco y al house. Y, entre las 7 de la mañana y las 10, retumbó el bumba bumba bumba, para los supervivientes asiduos de los afterhours.

No es pues de extrañar que, en el buffet del desayuno del tercer dia, los invitados más jóvenes brillaran por su ausencia. Un enorme catamarán esperaba a los supervivientes, en el puerto de Sa Rapita, para salir a navegar. Yo ya estaba en el aeropuerto con Rossetta Montenegro, mi compañera de viajes y fatigas, por lo que no sé si el inestable clima y las múltiples resacas impidieron que el catamarán saliese de puerto.

En resumen: fueron unos días muy divertidos, entre personas educadas, energéticas, con clase y mucho sentido del humor. Días en que fuimos tratados como principes, pues aunque no voy a dar la larga lista de los invitados, príncipes había varios.

Y no puedo acabar mi artículo sin piropear a la marivillosa, simpática y elegante Loretta, a sus adorables hijos Winston y Tiffany, a su bella nuera Benedicta, y a Juan Ramón, alias Chácha, el jefe de este clan irrepetible.







Au Mann, ihr seid vielleicht'ne Familie!!!

Vielen Dank für die Einladung.

Fotos: Carlos Martorell.