viernes, 7 de marzo de 2008

SOFIA LOREN, UNA MORTADELA Y YO, EN EL HOTEL RITZ

A sus 70 años, Sofia Loren participa en el rodaje del musical "Nine", basado en la genial película"Ocho y medio", de Federico Fellini.

Y me viene a la memoria una divertida anécdota del día en que conocí a la exuberante Sofia Scicolone (así se llama en realidad la actriz) en Barcelona.

En 1971, en la película "Mortadela", dirigida por Mario Monicelli y producida por Carlo Ponti, Sofia Loren interpretó el papel de Maddalena, una napolitana que viajaba a Nueva York para contraer matrimonio con otro inmigrante italiano.

En la película, Maddalena llega a las aduanas del aeropuerto neoyorkino con una enorme mortadela que, por supuesto, no le autorizan a pasar. Maddalena permanece en un despacho de Inmigración del aeropuerto, durante varios días, armando un revuelo tremendo para conseguir el permiso para entrar aquel tremendo fiambre, de unos 8 kilos de peso, en los Estados Unidos.

Pero Maddalena pasa hambre y se va comiendo poco a poco la mortadela. Y cuando finalmente llega el permiso ya se ha zampado, prácticamente, toda la pieza.

Unos años más tarde, en 1979, Sofia Loren llegó a Barcelona para promocionar su libro "Vivir y amar", en el Corte Inglés, donde llegó a firmar 1.117 libros. La Loren iba acompañada por su secretaria y por su amiga, y vecina de apartamento en Paris, también llamada Sofia, esposa del Principe Fernando de Baviera. Las protegía un ejercito de guardaespaldas.

Tras varias y exhaustivas horas dedicadas a la firma de su libro, Sofia Loren fue recibida por una multitud de invitados, fans y periodistas en el Hotel Ritz. La actriz lucía unas preciosas joyas que destellaban sobre su vestido de terciopelo negro, que contrastaba con el traje blanco de Luis del Olmo, que ejercía de entrevistador.


Yo, entonces, vivía en Ibiza y, cuando iba a Barcelona para ver a mi familia, me instalaba en el Ritz. Debido a la gran amistad que tenía con Antonio Parés, Presidente del lujoso hotel, solo me cobraban la símbólica cantidad de mil pesetas diarias. ¡Un auténtico chollo!

Dos días antes de la llegada de la famosa actriz italiana, Antonio Parés me pidió que, en su nombre, entregase un ramo de rosas a Sofia Loren, durante la recepción que, si no falla mi memoria de elefante, pues ha pasado la friolera de 29 años, tuvo lugar en el Salón Imperial del hotel.
"Seamos más originales y divertidos", le dije a Parés. "Prefiero entregarle una de esas inmensas mortadelas, que parecen una bomba, como la de su película. Seguro que le hará mucha gracia". Antonio Parés aceptó con cierto recelo, pues no estaba al corriente de aquella película. Y cuando irrumpí sobre el estrado con aquel embutido tamaño XXL, dos guardaespaldas se abalanzaron sobre mí, creyéndo que la mortadela era un artefacto explosivo.

Alguien de entre el público, al retirarse bruscamente, hizo pedazos un valioso jarrón ochocentista. Por suerte la Princesa de Baviera vino corriendo en mi ayuda.
"Tranquilos. Es un amigo. Un compañero de colegio", dijo poniendo su mano sobre mi hombro. Sofia de Baviera resultó ser Paty Arquer, a quien yo no había vuelto a ver desde que íbamos juntos al Jardín de Infancia, en el colegio Luis Vives.

Así pues, recuperada la calma, pude finalmente hacer entrega de la enorme mortadela. Nadie entendió la broma, pero Sofia Loren estuvo encantada y se rió mucho.

Al día siguiente, en La Vanguardia, la prestigiosa periodista Maria Pilar Comín, me dedicó unas palabras en la columna que tituló "Ese personaje de fábula, llamado Sofia Loren":
"Carlos Martorell tuvo la chispa de regalar a la actriz una mortadela, que ella recibió visiblemente regocijada".


2 comentarios:

calamarin dijo...

Gracias a este post, me he enterado de la existencia de esta peli, que en un principio pensé que era broma, mi amiga Ana me dejo este enlace en mi blog y ha sido un placer leerlo... Sobre tu encuentro con Sofia Loren, solo puedo decir que me da mucha envidia... ay!!!! Un saludo.

Carlos Martorell dijo...

CALAMARIN: Muchas gracias atí y a tu amiga Ana. La película es muy divertida. Un abrazo.